FRANCIA



FRANCIA EN LA EDAD MODERNA

Si la Edad Media, excepto por Carlomagno, se caracterizó por el feudalismo, ya hacia la Baja Edad Media (siglos XI a XV), se produjo una progresiva centralización del poder, gracias al crecimiento urbano, el desarrollo del comercio y el surgimiento de la burguesía, que dieron más poder al rey en detrimento de la nobleza feudal. El primer soberano llamado “Rey de Francia”, Felipe Augusto (1180-1223), fue quien llevó a cabo un fuerte proyecto político y militar para fortalecer la monarquía. Luego de la Guerra de los Cien Años (1337-1453) entre Francia y Gran Bretaña, el poder de la monarquía francesa se vio consolidado por la presencia de un ejército permanente y un desarrollado sistema burocrático.

A partir de la Edad Moderna, iniciada con el Descubrimiento de América (1492), Francia se consolidó como Estado nacional, momento crucial en la historia francesa. En el siglo XVI el rey Francisco I se enfrentó a Carlos I de España y V de Alemania para disputarle el dominio de Europa, ya que entonces Carlos era jefe del mayor imperio europeo, incluyendo las tierras americanas. Enrique II, sucesor de Francisco I, continuó el enfrentamiento con España al luchar contra Felipe II. Por otra parte, también durante el siglo XVI se produjeron las Guerras de Religión, consecuencia de la Reforma Protestante. Se trató de una serie de enfrentamientos sangrientos entre católicos y calvinistas (llamados “hugonotes”) que llevó al asesinato del rey Enrique III a manos de la Liga Católica. Las Guerras de Religión finalizaron con el edicto de Nantes (1598), firmado por el rey Enrique IV (protestante, pero convertido al catolicismo para acceder al trono). El edicto permitió la libertad de culto a los calvinistas, aunque con limitaciones, así como también permitió el control militar de algunas ciudades.

El siglo XVII se caracterizó básicamente por el fortalecimiento del Absolutismo o Antiguo Régimen. Los reyes absolutistas concentraron todo el poder en sí mismos y se declararon representantes de Dios en la Tierra, con lo cual su autoridad se volvía incuestionable. En la historia de Francia fue un período clave al que se opondría completamente el movimiento de la Revolución Francesa. El rey Luis XIII (1610-1643) es recordado en gran medida dentro de la historia francesa por su primer ministro, el cardenal Richelieu, ya que fue este quien luchó contra el poder de la nobleza para fortalecer la monarquía en Francia. Richelieu limitó la libertad de culto, especialmente en cuanto al poder militar de los hugonotes. Su política exterior se orientó contra la dinastía austro-hispánica de los Habsburgo y por ello Francia intervino en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Con la muerte de Richelieu su poder quedó en manos del cardenal Mazarino, quien venció a los nobles que luchaban contra el absolutismo.

Fue entonces cuando comenzó el reinado de Luis XIV, el “Rey Sol”, uno de los reyes más famosos de la historia de francesa. Con el triunfo de Francia en la Guerra de los Treinta Años (1648), esta nación se convirtió en la mayor potencia europea. Por la Paz de Westfalia se concertó el matrimonio de Luis XIV con María Teresa de Austria, infanta española. Este rey, luego de la muerte de Mazarino en 1661, decidió gobernar solo, fortaleciendo la monarquía absolutista. Juan Bautista Colbert se encargó de la dirección económica con su llamado “mercantilismo”: intervención del Estado en la economía, basada en las exportaciones y en el colonialismo. En cuanto a la religión, se revocó el edicto de Nantes en 1685 y se hizo emigrar a los calvinistas. Durante el reinado de Luis XIV se construyó el palacio de Versalles, modelo cortesano en toda Europa.

Entre 1701 y 1715 se produjo la Guerra de Sucesión de España, un enfrentamiento entre Francia, Gran Bretaña, Austria y otras potencias europeas. Tuvo lugar porque Felipe V de Borbón, nieto de Luis XIV y de la española María Teresa quiso proclamarse rey de España tras la muerte de Carlos II. Finalmente Felipe V se convirtió en rey de España, pero para ello debió renunciar a sus derechos al trono francés. Fue un retroceso del poder francés y un ascenso de Gran Bretaña, poderosa y en pleno crecimiento industrial. Todo el siglo XVIII fue un tiempo de crisis económica en la historia de Francia: mientras que Gran Bretaña vivía la Revolución Industrial, Francia no podía competir económicamente. En la Guerra de los Siete Años (1756-1763) los británicos vencieron a los franceses, obteniendo sus colonias en Canadá y en la India. Los reyes Luis XV (1715-1774) y Luis XVI (1774-1789) tuvieron que enfrentarse con dicha crisis, que fue una de los detonantes de la Revolución Francesa, hecho fundamental de la historia francesa.


Revolución Francesa

Este proceso político, social, económico y cultural se produjo entre 1789 y 1799, provocando el fin de la monarquía absoluta en Francia y generando transformaciones democráticas de gran profundidad. La Revolución Francesa fue hija de la Ilustración, un movimiento intelectual de los siglos XVII y XVIII que planteó entre muchos conceptos, la idea de que el ser humano es un ser racional. “Pienso, luego existo” fue la frase célebre de Descartes, autor francés fundador del Racionalismo.

Los principales ilustrados en la historia de Francia fueron Diderot, D’Alembert, Rousseau y Voltaire, quienes ejercieron una honda influencia en el arte, la ciencia y la política de la época. Entre las “nuevas ideas” fundamentales de la Ilustración es posible mencionar: división de poderes, constitucionalismo, soberanía popular, libertades individuales, igualdad ante la ley, ciudadanía, propiedad privada, laicismo (separación del Estado y la religión) y liberalismo económico.

Además de la influencia de la Ilustración, varias fueron las causas de la Revolución. Por un lado, se produjo una fuerte crisis económica que llevó a la bancarrota del Estado francés. El famoso despilfarro de la corte de Luis XVI y su esposa María Antonieta, las malas cosechas y los gastos por la ayuda prestada en la Independencia de Estados Unidos contra Gran Bretaña, destruyeron la economía e impusieron aumentos en los impuestos, así como también el cobro de impuesto a los nobles, hasta entonces exentos. Esto produjo la inmediata reacción de la nobleza, que aspiraba a mantener sus privilegios feudales.

La burguesía francesa (profesionales, comerciantes, banqueros y artesanos), por su 0parte, deseaba tener participación en el poder político y gozar de libertad económica. Exigía la igualdad civil respecto de la nobleza y del clero, los dos estados privilegiados con el absolutismo. Por ello cuestionó la monarquía absoluta, se convirtió en motor de la Revolución y pasó a ser parte de la historia de Francia para siempre. Además, los campesinos vivían en una situación miserable, entregando sus cosechas a los nobles y al clero. Los agricultores más desarrollados, por su parte, debían pagar altos impuestos, el diezmo a la Iglesia y no podían competir con los monopolios de la nobleza. Esta coyuntura de la historia francesa llevaría al desarrollo revolucionario, de grandes efectos.

El Rey Luis XVI y sus asesores decidieron aumentar los impuestos e imponer su pago a la nobleza para reducir el déficit del Estado. Entonces los nobles, que se negaban a perder sus privilegios, exigieron convocar los Estados Generales, una asamblea en la que los tres estamentos sociales votaban, con mayoría de nobles y clero. Los burgueses, por otro lado, exigieron tener tantos diputados como los otros dos estados juntos. Esto de por sí significó un cambio trascendental. Se convocaron los Estado Generales en Versalles y dado que los representantes del tercer estado (que incluía fundamentalmente burgueses y también campesinos) se negaron a votar por separado, en junio de 1789 convocaron una Asamblea Nacional que se convertiría pronto en Asamblea Constituyente. Ya la Revolución estaba en marcha, dado que dicha asamblea había desconocido la autoridad del rey para disolverla y se había declarado soberana, por primera vez en la historia francesa.

El rey quiso imponer su autoridad mediante el ejército, pero esto fue imposible. La Asamblea le exigió que retirara las fuerzas armadas y al no hacerlo, el 14 de julio de 1789 se produjo la Toma de la Bastilla, uno de los episodios simbólicos más fuertes de la historia de Francia. El pueblo de París se levantó en armas y se adueñó de la Bastilla, la prisión que proveyó de armas y municiones a los revolucionarios. Pronto los sucesos parisinos tuvieron repercusión en las demás ciudades francesas y también en el campo, en donde se produjeron graves incidentes contra la nobleza terrateniente. La Asamblea Constituyente, integrada en su mayoría por burgueses, suprimió los derechos señoriales y proclamó el 26 de agosto de 1789 la famosa Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano: igualdad social ante la ley, libertades individuales, garantías contra abusos estatales, protección a la propiedad privada, libre iniciativa económica, soberanía popular, igualdad en el acceso a puestos civiles, políticos y militares y abolición de los derechos señoriales fueron los principios básicos de dicho documento clave de la historia francesa.

Los clérigos debieron aceptar la constitución, sus bienes fueron incautados para paliar las deudas del Estado y se impuso que fueran elegidos no por la Iglesia sino por la comunidad. En 1791 se dio a luz la Constitución elaborada por los revolucionarios, en la que se establecieron los principios de la Declaración y se fijó la forma de gobierno: a partir de entonces Francia tendría una monarquía constitucional. Así se produjo la división de poderes (el rey, en el ejecutivo) y se estableció el voto censitario, es decir, según las riquezas. Esta nueva forma de gobierno fue realmente novedosa en la historia de Francia, dado que por primera vez una parte de la población podría participar del poder.

Luis XVI tuvo que aceptar los hechos, pero buscó ayuda para detener la Revolución en los emigrados nobles y en los monarcas de Austria, Prusia, España, Holanda y Gran Bretaña, quienes comenzaron la guerra contra los revolucionarios. El rey quiso huir, pero no pudo, ya que lo descubrieron en Verennes. En 1793, durante el Terror sería ejecutado en la guillotina, al igual que María Antonieta. Ante la traición del rey, fue destituido y se formó una Convención Nacional que proclamó la Primera República (1792-1795), hecho crucial para Francia y su historia. La República debió enfrentarse a las monarquías que la acosaban, así como también detener las rebeliones de los realistas franceses.

Dos grupos políticos comenzaron a oponerse, los girondinos, burgueses moderados, y los jacobinos, radicales. Los jacobinos, cuyo líder fue Robespierre, ícono de la historia francesa, defendieron hasta las últimas consecuencias la Revolución social. Establecieron un Comité de Salvación Pública, un Tribunal Revolucionario y una nueva Constitución (1793) en la que propusieron medidas contra la desigualdad económica y establecieron el sufragio universal (aunque no pudo aplicarse por la crisis). Lamentablemente solo se los recuerda en la historia de Francia por la guillotina y el Terror. La reacción termidoriana de 1794 terminó con la República Jacobina y significó el triunfo de los sectores moderados. La Revolución Francesa dio comienzo a la Edad Contemporánea.


Francia en la Edad Contemporánea


• Primer Imperio

Luego de la reacción termidoriana, los diputados moderados de la Convención establecieron el Directorio (1795-1799) y elaboraron una nueva Constitución. Esta restableció el sufragio censitario y mantuvo la división de poderes, siendo el ejecutivo el Directorio. Durante estos años fue preciso enfrentar los ataques exteriores mediante un ejército fuerte, en el que rápidamente sobresalió Napoleón Bonaparte, un general que obtuvo muchos triunfos militares en Italia y Egipto y que sería recordado por siempre en la historia de Francia. Dada la continua crisis económica y la guerra internacional el Directorio se debilitó. El 18 Brumario (9 de noviembre de 1799), Napoleón dio un golpe de estado, instaurando el Consulado (1799-1804).

Napoleón se convirtió en primer Cónsul, concentrando en sí el poder del Estado. Se sancionó el Código Civil o Código Napoleónico, de gran influencia en la historia de Francia y del mundo entero. Este Código retomó los principios de la Revolución Francesa: igualdad ante la ley, libertades, abolición de privilegios feudales y laicismo. Napoleón tuvo el apoyo de la burguesía y de los campesinos, dado que favoreció el desarrollo de la industria, el comercio y la agricultura. Se reconcilió con la Iglesia mediante el Concordato (1801). Napoleón, figura mítica en la historia francesa, hizo de la nación una potencia económica, política y militar, por lo que las demás monarquías europeas, temerosas del modelo francés, mantuvieron guerras constantes contra este país.

En 1802 el Senado nombró a Napoleón Cónsul Vitalicio y en 1804, Emperador de Francia con carácter hereditario (1804-1814). Napoleón, ejemplo máximo del ascenso social, creador de su propia dinastía y mito de la historia francesa, formó un Imperio que se expandió por Europa. Hijo de la Revolución Francesa, se enfrentó constantemente con las potencias europeas que defendían el absolutismo. Conquistó muchos territorios, como por ejemplo, el del Sacro Imperio Romano Germánico, disuelto por él y transformado en la Confederación del Rin, ahora con las instituciones napoléonicas. Así, gracias a Bonaparte los ideales de la Revolución se afianzaron en Europa y también en América. Para atacar a Gran Bretaña, principal enemigo de la historia francesa, Napoleón impuso el Bloqueo Continental (1806).

En 1812 decidió invadir Rusia, dado que había roto el bloqueo. Sin embargo, esta vez la campaña militar fue desastrosa y los Estados europeos vencieron al ejército francés en 1814. Ya en 1813 habían vencido a Napoleón en Leipzig. Bonaparte abdicó en 1814 y se exilió por un año a la isla de Elba. Retomó el poder en 1815 y gobernó nuevamente durante cien días, hasta ser derrotado en la batalla de Waterloo por el ejército inglés y holandés (1815), una de las batallas más recordadas en la historia francesa. Fue desterrado a la isla de Santa Elena, hasta su muerte en 1821. La historia de Francia no volvería a ser igual después de Napoleón.


• Restauración

Vencido Napoleón, se inició el período llamado Restauración: se reestableció la monarquía en Francia. Sin embargo, a pesar del intento de los realistas franceses y de las monarquías europeas por imponer nuevamente el absolutismo, nada quedaría igual en la historia de Francia luego de la Revolución y de Bonaparte. La Restauración fue una reacción conservadora que quiso detener el progreso ya imparable de la burguesía y que intentó devolverle a la Iglesia el poder político. En el Congreso de Viena (1814-1815), presidido por el príncipe austríaco Metternich, se redefinió el mapa europeo y se propuso la defensa de Dios y del Trono.

Dos reyes borbones gobernaron por entonces Francia, Luis XVIII (1814-1824) y Carlos X (1825-1830), último de esta casa real. Luis XVIII, presionado por la élite napoleónica tuvo que aceptar una Constitución que establecía un poder legislativo bicameral (1814). Así, este rey osciló entre el liberalismo moderado y el absolutismo, ya inaceptable en una sociedad burguesa. Carlos X, por su parte, fue mucho más conservador y tuvo que abdicar en 1830 ante la Revolución de Julio.


• Revolución de Julio

La historia de Francia volvió a cambiar cuando en 1830 se produjo en Francia la Revolución de Julio, una revolución liberal que, nuevamente, tuvo enorme influencia en el resto de Europa. La alta burguesía (banqueros, industriales y funcionarios) se rebeló contra la Restauración, a favor de una monarquía constitucional de voto censitario capaz de brindarle poder político y mayor libertad económica. Así, cayó la dinastía de los Borbones y reinó Luis Felipe I de Orleáns hasta 1848.


• Revolución de Febrero y Segunda República

El año 1848 fue un año de revoluciones en Europa. Nuevamente, fue la Revolución de Febrero en Francia la que marcó la tendencia de la llamada “primavera de los pueblos”. El proceso en dicho país se desencadenó a causa de una fuerte crisis económica. Estudiantes, pequeñoburgueses y obreros tomaron distintos sectores parisinos, contra la monarquía constitucional de voto censitario que favorecía a la alta burguesía, monarquía representada por el rey Luis Felipe de Orleáns. Esta Revolución fue otro hecho trascendental de la historia de Francia.

Se proclamó la República por segunda vez, con un gobierno provisional constituido por republicanos y socialistas. Por primera vez en la historia francesa hubo una fuerte impronta socialista y obrera, que asustó al sector más moderado de la burguesía. El gobierno provisional presentó un programa con medidas revolucionarias para Francia y su historia, tales como: sufragio universal masculino para la elección de Asamblea Constituyente y de presidente, abolición de la pena de muerte por motivos políticos, libertad de huelga y limitación de la jornada laboral a diez horas.

Sin embargo, el temor del avance obrero hizo que la burguesía moderada rompiera su alianza con los obreros y se uniera con los elementos monárquicos y católicos, de modo que triunfó la reacción. Se produjo una fuerte represión de los obreros para detener su avance. En diciembre de 1848 se eligió presidente de la Segunda República en Francia mediante el sufragio universal, resultando ganador Carlos Luis Napoleón Bonaparte, dado que la mayoría campesina era conservadora. Fue presidente entre 1848 y 1851. Entonces, si bien se mantuvieron los principios de libertad, igualdad y sufragio universal, ya ineludibles en la historia francesa, los ministros del presidente fueron elegidos por él y no tuvieron que responder ante la Asamblea Legislativa. Además, las medidas sociales fueron restringidas.


• Segundo Imperio

El 2 de diciembre de 1851 Carlos Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón I, dio un golpe de estado. Estableció entonces un Segundo Imperio (1852-1870) con el nombre de Napoleón III. Quiso emular al héroe de la historia de Francia, aunque desde una ideología conservadora y católica, por lo que suprimió las conquistas sociales de 1848. Su poder estuvo respaldado por la alta burguesía, la nobleza, el clero y los campesinos. Su política fue a la vez autoritaria y en parte liberal, ya que organizó un poder legislativo tricameral, en el que el Congreso, votado por sufragio universal masculino no tenía casi poder.

Napoleón III llevó a cabo una fuerte expansión imperialista en África y Asia, para posicionar a Francia entre las potencias como Alemania, Gran Bretaña y Estados Unidos. Más allá de la mejora económica, el Segundo Imperio fracasó en la lucha por la hegemonía europea disputada en la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871). La derrota francesa de la Batalla de Sedan (2 de septiembre de 1870) hizo que Napoleón III fuera destituido y que el Imperio fuera reemplazado por la Tercera República. Esta guerra dio como resultado, además, la unificación de los estados prusianos, con la creación del Segundo Imperio, a cargo del emperador Guillermo I y del canciller Otto von Bismarck. Francia y su historia recordarán esta guerra por la humillación que significó la derrota y la pérdida de Lorena y Alsacia. Alemania se erigió como potencia económica y militar.


• Tercera República y Comuna de París

Tras la abdicación de Napoleón III se constituyó un gobierno de Defensa Nacional con León Gambetta como ministro del interior, un estadista republicano francés opositor del Imperio que proclamó la Tercera República y la defendió contra las tendencias restauradoras. Fue ministro del interior entre el 4 de septiembre y el 6 de febrero de 1870. Se produjo entonces la primera revolución proletaria de la historia francesa, la Comuna de París, detenida por la represión de la Tercera República Francesa. Se trató de una rebelión popular en París, entre el 18 de marzo y el 28 de mayo de 1871.

Durante estos dos meses hubo un gobierno revolucionario comunal en la capital francesa, de carácter anarco-socialista. Se propuso la organización de Francia en comunas autónomas, unidas como una federación. Esta revolución fue terriblemente reprimida por las fuerzas de Adolfo Thiers, presidente de la República. Desde 1871 la República realizó una gran labor de reconstrucción nacional, reorganizó el ejército y la armada, y en la política internacional estableció alianzas y amplió su esfera de colonización. La Tercera República culminó el 10 de julio de 1940, con la creación de la República de Vichy, momento trágico en la historia de Francia.


Historia de Francia del siglo XX

• Primera Guerra Mundial

El siglo XX comenzó con la Primera Guerra Mundial (1914 y 1918), conflicto que tuvo una incidencia crucial en la historia francesa. Fue una guerra entre los países imperialistas, que se disputaban el poderío del mundo. Por una parte, Francia y Gran Bretaña, las dos grandes potencias europeas de entonces, deseaban mantener su hegemonía ante el rápido crecimiento económico y militar del Imperio Alemán desde 1871, cuyo aliado incondicional era el Imperio Austro-Húngaro. Ya a fines del siglo XIX Francia y Gran Bretaña habían firmado el tratado Entente Cordiale de no agresión y regulación colonial. Por otra parte, una vez que los países de los Balcanes se liberaron del Imperio Otomano, el Imperio Austro-Húngaro y el Imperio Ruso comenzaron a disputárselos.

El detonante fue el crimen del heredero del trono austro-húngaro, el archiduque Francisco Fernando y su esposa, en Sarajevo, el 28 de junio de 1914. El Imperio Austro-Húngaro declaró la guerra a Rusia, protectora de los países eslavos, el 1 de agosto de 1914. Alemania dio su apoyo a los austrohúngaros, mientras que Francia y Gran Bretaña se unieron a Rusia. Los dos bloques enfrentados fueron: por un lado, los “Aliados”, es decir, el Imperio Ruso, Francia y el Imperio Británico, a quienes se sumaron luego Canadá, Portugal, Japón, Italia y Estados Unidos; por otro, las “Potencias Centrales”, esto es, el Imperio Austro-Húngaro, Alemán y Turco, junto a Bulgaria. En abril de 1917 Estados Unidos entró en la contienda dentro del bloque aliado, dada la amenaza que representaba Alemania para los intereses norteamericanos. En octubre de 1918 y ante las fuerzas estadounidenses, francesas y británicas, el gobierno alemán comenzó las negociaciones de paz, declarándose el armisticio el 11 de noviembre.

En el Tratado de Versalles, tratado de paz firmado el 28 de junio de 1919, los Aliados castigaron severamente al Imperio Alemán: fue desmilitarizado, se repartieron sus colonias, se quitaron tierras del este y el oeste alemán, se limitó su industria y se lo obligó a pagar grandes sumas como responsable de la guerra. Además, se fundó la Liga de las Naciones para la solución de conflictos mundiales. Francia sufrió los destrozos de la guerra como nunca en la historia francesa. Recuperó las tierras de Alsacia y Lorena, recibió algunas reparaciones alemanas por la guerra y ocupó el Sarre, estado alemán, hasta 1935. Durante el período de entreguerras la historia de Francia tuvo diversos gobiernos progresistas que intentaron mejorar el desarrollo industrial así como también impulsar mejoras para los trabajadores.


• Segunda Guerra Mundial

La Segunda Guerra, producida entre 1939 y 1945 fue el enfrentamiento bélico más importante hasta la actualidad. Los detonantes de esta guerra, en parte continuación de la anterior, fueron dos: por un lado, la invasión alemana a Polonia y, por otro, los ataques de Japón a China, Estados Unidos y las colonias asiáticas de Gran Bretaña y Holanda. Para comprender el significado de este enfrentamiento en la historia de Francia es preciso considerar la situación previa de Alemania y Japón. Mientras finalizaba la Primera Guerra se produjo en 1918 la Revolución de Noviembre en Berlín, de carácter socialista, que condujo al armisticio de las fuerzas alemanas y llevó durante el período de entreguerras a la creación de la primera república alemana, la República de Weimar, a cargo de la socialdemocracia.

Sin embargo, la crisis económica asolaba a Alemania, como consecuencia de la Primera Guerra y de la Gran Depresión. Esta situación dio lugar al triunfo del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (Nazi) en las elecciones de 1933, llevando a Adolfo Hitler, su jefe, al poder. Con Hitler se impuso un gobierno totalitario. Subió con la promesa de hacer de Alemania nuevamente un centro de poder económico, militar y colonial como antes. Rechazó el Tratado de Versalles y persiguió atrozmente a judíos y comunistas, culpándolos de los males nacionales. El 1 de septiembre de 1939 Alemania invadió Polonia, dando inicio a la Segunda Guerra Mundial. Inmediatamente Francia, Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Sudáfrica declararon la guerra a Alemania. Durante esos años las fuerzas alemanas invadieron además Rusia, Francia, Holanda, Hungría y los Balcanes. Francia y su historia no olvidarán nunca las humillaciones del nazismo.

El Imperio de Japón, por su parte, deseaba desarrollarse como potencia y por ello invadió Manchuria en 1931 y China en 1937. El sorpresivo ataque japonés a la base naval norteamericana Pearl Harbor, en Hawai, el 7 de diciembre de 1941, provocó el ingreso de Estados Unidos a la guerra. Los dos grandes bloques contendientes fueron: por una parte, los “Aliados”, principalmente Francia, Gran Bretaña, URSS, Estados Unidos y China; por otra, las “Potencias del Eje”, Alemania, Japón e Italia.

El ejército francés fue derrotado por el Wehrmacht, ejército alemán, en junio de 1940, lo que produjo la ocupación nazi de gran parte del país. A la vez, en julio Alemania estableció un gobierno totalitario y colaboracionista en territorio francés, con el mariscal Philippe Pétain como tutor. Fue la llamada Francia de Vichy, trágica en la historia francesa. El general francés Charles de Gaulle, héroe de la historia de Francia, se exilió en Londres y desde allí organizó el movimiento Francia Libre contra la ocupación, fomentando la resistencia interior y apoyándose en las colonias. Los Aliados avanzaron sobre Francia y el 6 de junio de 1944, el Día D, comenzó el desembarco de Normandía. El 24 de agosto los Aliados lograron liberar a París de la ocupación nazi. El 5 de mayo de 1945, luego del suicidio de Hitler, Alemania se rindió.

El 15 de agosto de 1945, luego de los bombardeos atómicos estadounidenses en Hiroshima y Nagasaki, los japoneses se rindieron, dando fin a la guerra. Como consecuencia de esta guerra clave en la historia francesa, Francia obtuvo nuevamente el Sarre, integró la Organización de las Naciones Unidas y participó de la ocupación de Alemania. Se formó un gobierno provisional hasta 1946, presidido por el general de Gaulle. Entre 1946 y 1958 tuvo lugar la Cuarta República, cuyos gobiernos hubieron de enfrentarse, aunque sin éxito, con las luchas de independencias de las colonias francesas: Argelia e Indochina. Desde 1958 hasta la actualidad se desarrolla la Quinta República, presidida hasta 1969 por de Gaulle. Este promovió la unión del mercado europeo, concedió la independencia a las colonias y tuvo que enfrentarse al movimiento estudiantil de 1969, el Mayo Francés, episodio único en la historia de Francia.

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