LAS CULTURAS AMERICANAS PREHISPÁNICAS



«Se refiere a los orígenes, cuando no había gente, ni animales, ni árboles, ni piedras, ni nada. Todo era un erial desolado y sin límites. Encima de las llanuras el espacio yacía inmóvil; en tanto que, sobre el caos, descansaba la inmensidad del mar. En el silencio de las tinieblas vivían los dioses Tepeu, Gucumatz y Hurakán, cuyos nombres guardan los secretos de la creación, de la existencia y de la muerte, de la tierra y de los seres que la habitan».
(El Popol Vuh)

ÍNDICE
1.- América física y áreas culturales de América
2.- Población del continente americano
3.- Cuadro cronológico
4.- Panorama general de culturas indígenas
     4.1.- América del Norte
     4.2.- Mesoamérica
     4.3.- América del Sur:
5.- La civilización azteca (postclásico)
6.- La civilización maya (formativo, clásico y postclásico)
7.- El Imperio Inca (postclásico)
8.- Situación actual de las poblaciones americanas


1.- AMÉRICA FÍSICA Y ÁREAS CULTURALES DE AMÉRICA

En un primer vistazo a cualquier mapa físico del continente americano, podemos distinguir tres zonas: América del Norte, América Central y América del Sur.

Encontramos diversas áreas culturales, es decir, regiones geográficas ocupadas por pueblos que comparten una serie de rasgos culturales. Las características comunes por las que aglutinamos estos pueblos son, sobre todo, la forma de supervivencia, la organización social y la economía. Por ejemplo, hablamos de las bandas igualitarias de Norteamérica como los cazadores de las praderas o los recolectores de la cultura del desierto del sudoeste de Norteamérica, que incluye el norte de México. O de los cacicazgos de los pescadores de la costa noroeste. En Mesoamérica, término con el que nos referimos al centro y sur de México y parte de América Central, se desarrollan algunas de las principales civilizaciones de América, caracterizadas por la agricultura intensiva. Las culturas andinas desarrollan, asimismo, una agricultura intensiva e introducen la cría de animales domésticos, llegando a formar complejas unidades políticas. En el actual Chile se desarrolló la cultura de los indios araucanos, en las Pampas y en la Patagonia vivían bandas de cazadores y en los Andes septentrionales pueblos agrícolas.

Sin embargo, es difícil delimitar exactamente estas áreas y existen diversos criterios y, según los autores, las áreas pueden variar. Además siempre existen zonas de transición, por lo que las fronteras culturales nunca podrán ser tan exactas como las geográficas.

En cuanto a la fauna y flora americanas, hay que señalar que la idea general del animismo es patente. Esta teoría sobre el origen común de todos los seres vivos se refleja en el respeto hacia la Naturaleza. Toda planta útil está plasmada en la religión popular e incluida en la mitología de los habitantes de estas tierras y son muchos los animales que se convierten en deidades o en representaciones de éstas. En América del Norte, el totemismo es una clara expresión de este concepto.

Las plantas están presentes en la farmacopea y existe un gran conocimiento de sus poderes curativos. En otros casos, ciertas plantas funcionan como alucinógenos y llegan a formar una parte fundamental de ritos y celebraciones religiosas. El consumo del tabaco es una práctica generalizada entre los indios de América del Norte y Mesoamérica.

Por otra parte, hay que señalar la importancia de la introducción del caballo por parte de los conquistadores, ya que este hecho revolucionó las culturas del norte, pues cambió el sistema de caza y transporte e, incluso, los caballos pasaron a formar parte de los ritos de pubertad masculinos. Hasta la llegada del caballo a América, los únicos animales de tracción que se empleaban eran los perros en la zona esquimal y en las praderas del norte, y las llamas y guanacos en Los Andes.

En el panteón americano ocupan lugar eminente muchos animales, destacando el jaguar y el culto al felino; en Los Andes, destaca el culto al cóndor; en Las Rocosas, el águila; la serpiente en el sudoeste de Estados Unidos y en los Andes y en Mesoamérica la serpiente emplumada Quetzalcoatl o Kukulcán, por citar algunos ejemplos.



2.- POBLACIÓN DEL CONTINENTE AMERICANO

No hay duda de que la raza humana se originó en el Viejo Mundo y de éste pasó, ya como raza evolucionada, al continente americano. La teoría aceptada actualmente nos habla del origen asiático de los primeros pobladores, que habrían llegado a través del estrecho de Bering en la época de las glaciaciones, concretamente, durante el último período glacial, el llamado Wisconsin, que comenzó hace 70.000 años. Siberia y Alaska estaban conectadas por tierra, en la zona que hoy ocupa el mar de Bering. Desde aquí se fueron extendiendo hacia el sur del continente. Esta teoría ha sido estudiada, especialmente, por los antropólogos Hrdlicka, Paul Rivet y José Alcina Franch.

Ya desde el momento del Descubrimiento se empezaron a barajar posibles teorías sobre el origen de los habitantes del Nuevo Mundo, la mayoría de ellas fantásticas, como aquéllas que proponían un origen semítico (las tribus perdidas de Israel), egipcio (a causa de las pirámides), africano (por los rasgos físicos representados en las esculturas en forma de cabezas colosales de la cultura olmeca) o aquéllas que aludían a continentes desaparecidos (La Atlántida). Pero también hay autores que desde el primer momento proponen teorías lógicas y posibles, como el Padre José de Acosta, en el siglo XVI, precursor de la teoría, hoy ampliamente aceptada, del origen asiático del poblamiento americano, que se adelantó siglo y medio a los que siguieron su misma lógica y razonamiento. Fue Acosta un autor enormemente intuitivo, que basó sus intuiciones en un razonamiento lógico, negando muchas de aquéllas teorías fantásticas y negando asimismo la existencia de La Atlántida.

De todas las tesis surgidas, pues, para explicar el origen del hombre americano es aquélla que defiende el origen asiático a través del estrecho de Bering la actualmente aceptada como cierta, fijándola en términos de cronología absoluta hacia el 40.000 a. C., penetración que se realiza de una manera fluida, continua y relativamente rápida, ya que en unos pocos miles años alcanzó el extremo meridional del continente, puesto que la Tierra del Fuego ya estaba habitada hace aproximadamente 10.000 años. La participación inmensamente mayoritaria del tronco racial mongoloide en la formación de la raza amerindia no se discute hoy por ningún antropólogo.

Como decíamos, el lugar de paso de un continente a otro es el estrecho de Bering o, en términos más amplio, Beringia: la región terrestre y marítima tanto del Asia oriental, como de Alaska en torno al Estrecho de Bering, denominación que deriva del explorador danés que lo descubrió el 20 de agosto de 1741, Vitus Bering, quien iba al mando de una expedición rusa. Bering murió ese mismo año, el 19 de diciembre, a causa del escorbuto.

En el momento de la penetración asiática, las masas glaciares estarían acumuladas en algunas zonas montañosas de la región, pero no en los valles o costas.

La estructura orográfica de Alaska divide en varias zonas esta región:

- La cadena montañosa de los Brooks, continuación de las Rocosas, con alturas que oscilan entre los 1.000 y 2.500 metros.
- La llanura costera del mar Ártico, que alcanza un máximo de 150 kilómetros de anchura y está cubierta por lagos y por la tundra.
- El valle del río Yukón, al sur de los Brooks y al norte de la cadena de Alaska.
- La cadena de Alaska, que es también una prolongación de las Rocosas, formando un arco alrededor del golfo de Alaska. Una prolongación de esta cadena son las islas Aleutianas.

Parece que la penetración debió de ser por estas zonas montañosas, ya que los glaciares cubrirían prácticamente tanto la cadena de Alaska como la de los Brooks. Otro posible camino sería por la costa del Pacífico, pero hoy se cree que no fue factible ya que la costa resulta excesivamente abrupta.

En cuanto a los posibles momentos de entrada para las bandas de cazadores provenientes de Asia central u oriental, la teoría más aceptada es que se produciría hace aproximadamente 40.000 años, durante el último período glacial, llamado Wisconsin.

Hay que señalar que Alaska está dividida en dos zonas etnográficas: los indios atapascos, que se encuentran en el interior y en la costa meridional, y los esquimales, que se sitúan en la llanura ártica y costas del estrecho de Bering. Del lado asiático del estrecho, encontramos una división semejante, ya que en la península de Chukchee se hallan poblaciones esquimales semejantes a las americanas: el mismo tipo físico, la misma lengua y la misma cultura. Los chukchee son un grupo étnico que forma parte de los pueblos paleo-siberianos y desarrollan dos formas de vida: algunos viven en la costa y otros en el interior.

En cuanto a las evidencias arqueológicas del área de contacto entre ambos continentes, destacan los hallazgos del complejo British Mountain, la tradición de microhojas del noroeste y la tradición de pequeños instrumentos del Ártico. El complejo British Mountain se caracteriza por una industria de lascas y nódulos de gran antigüedad. Sus principales yacimientos son Old Crow Flat, Engigstciak y Paso Anaktuvuk. El primero ha proporcionado la fecha más antigua de Alaska: 25.000 años a.C., mientras que el segundo, 16.000 a.C. Encontramos también información en cuanto al tipo físico de las poblaciones antiguas de Alaska: se han encontrado esqueletos y cráneos de poblaciones indias y esquimales de unos 2.000 años a.C. que muestran características diferentes. El tipo racial esquimal se aproxima más al de los chukchee que al de los indios atapascos, lo que indica que en torno al 4.000-2.000 a.C., ambos pueblos empezaron su diferenciación.

En síntesis: la primera de las emigraciones asiáticas al Nuevo Mundo correspondería a una etapa de cazadores-recolectores que utilizan una industria de lascas y nódulos, oleada que se produciría entre el 70.000 y el 25.000 a.C. (probablemente hacia el 40.000 a.C.)

La segunda emigración asiática estría protagonizada por grupos de cazadores que usan puntas bifaciales talladas por presión, entre el 13.000-1.000 a.C. y la tercera oleada correspondería a poblaciones procedentes del área central de Siberia que usan microlitos, a partir del 11.000 a.C.

Hay que tener en cuenta la evolución y adaptación de los primeros pobladores para comprender la enorme diversidad cultural que encontraron los descubridores europeos en el siglo XVI. Por tanto, los primeros pobladores entran, indudablemente, por la región de Beringia y constituyen el núcleo básico de la población amerindia que, al irse expandiendo por todo el territorio americano, se adaptan a sus diferentes ambientes, alcanzando así una gran diversidad racial, lingüística y cultural.

Existieron, probablemente, otros contactos con poblaciones y culturas extraamericanas, como melanesias y polinesias, aunque de menor importancia que las oleadas migratorias asiáticas venidas por el estrecho de Bering. El tipo hipsi-dolicocéfalo o dólico-acrocéfalo dominante en Melanesia, y que es equivalente al grupo paleomericano que encontramos en toda América, la preponderancia del grupo sanguíneo 0 y la lingüística común apoyan esta teoría. Las relaciones pacíficas han sido defendidas por varios autores, entre los que destaca Thor Heyerdhal, quien postuló, al contrario que la mayoría de los estudiosos, el sentido este-oeste de los intercambios, es decir, partiendo de América hacia la Polinesia, sirviéndose de la isla de Pascua como escala, que en la actualidad pertenece a Chile, donde se desarrolló una interesantísima cultura, cuyo máximo exponente son los famosos moais, tallados en piedra obtenida de las canteras de los volcanes. Para demostrar su tesis, Heyerdhal construyó la balsa Kon-Tiki, siguiendo las descripciones de los cronistas españoles y, tras 101 días de navegación, consiguió llegar en 1947 hasta las islas de Raroia en la Polinesia, partiendo de la costa peruana. Así logró demostrar que esta travesía era posible. Sin embargo, la argumentación de Heyerdhal en cuanto al sentido del poblamiento queda seriamente dañada como consecuencia de las más recientes investigaciones arqueológicas en Oceanía, donde el creciente número de fechas radiocarbónicas señalan con claridad un poblamiento del Pacífico que va de occidente a oriente, tal y como se pensó en un principio.

Hay que hablar también del contacto atlántico, muy posterior que, aunque no influyó en el poblamiento americano, está ampliamente demostrado por las pruebas arqueológicas. Se trata del contacto normando que se estableció en el Atlántico norte, en torno al año 980 de nuestra era, y que es el único contacto transatlántico precolombino admitido por los científicos. La expedición vikinga de Eric El Rojo explora Groenlandia hacia el 981-984 d.C. Funda una serie de colonias y más tarde, hacia el año 1000, su hijo Leif descubre Terranova, ya en tierra firme americana. Sin embargo, fueron atacados por los esquimales en varias ocasiones, por lo que pocos años después abandonaron estas costas, perdurando las colonias de Groenlandia, que llegaron a albergar a unos 3.000 habitantes, hasta principios del siglo XV, fecha en que fueron abandonadas por motivos desconocidos.


3.- CUADRO CRONOLÓGICO

Establecer una cronología exacta en América se hace muy difícil por la escasez de evidencias arqueológicas muy antiguas, a causa de la humedad y acidez del suelo que actúan desintegrando los restos humanos, y porque hay muchas zonas que todavía no han sido suficientemente estudiadas, además de por la ausencia de documentos escritos.
Sin embargo, podemos establecer una secuencia cronológica aproximada:

AMÉRICA DEL NORTE (primeras culturas)

PALEOINDIO
1. ESTADIO DE LAS PREPUNTAS (±40.000- 15.000 a.C.)
2. ESTADIO DE LAS PUNTAS DE PROYECTIL (15.000 – 8.000 a.C.):
    • Vieja Cordillera (bipuntas, microbandas)
    • Llanuras (Sandía, Clovis, Folsom)

ARCAICO (neolítico)
1. LLANURAS: (cazadores-recolectores 6.000 – 3.000 a.C.)
2. ROCOSAS: (cazadores-pescadores 5.800 – 5.500 a.C.)
3. ESQUIMALES
4. CULTURA DEL DESIERTO (MÉXICO):
    • Infiernillo (7.000 – 5.000 a.C.)
    • Nogale (5.000 – 3.000 a.C.)
    • Abejas (3.000 – 2.000 a.C.)


MESOAMÉRICA

FORMATIVO
    • Olmecas (1.200 a.C. – 100 a.C.)
    • Mayas (2.000 a.C. – 300 d.C.)
    • Monte Albán (500 a.C. – 400 d.C.)
CLÁSICO
    • Teotihuacán (siglo I d.C. – VIII d.C.)
    • Monte Albán (500 d.C. – 1000 d.C.)
    • El Tajín (200 d.C. – 1100 d.C.)
    • Mayas (300 d.C. – 900/1000 d.C.)
POSTCLÁSICO
    • Toltecas (siglo X – XII d.C.)
    • Aztecas (siglo XIII – XVI d.C.)
    • Mayas (1000 d.C. - siglo XV d.C.)


AMÉRICA DEL SUR

FORMATIVO
    • Chavín (1.200 a.C. – 300 a.C.)
    • Paracas (400 a.C. – siglo I d.C.)
CLÁSICO
    • Mochicas (siglo I d.C. – VII d.C.)
    • Nazca (100 d.C. – 800 d.C.)
    • Tiahuanaco (600 d.C. – 1200 d.C.)
POSTCLÁSICO
    • Chimú (1350 d.C. – 1475 d.C.)
    • Imperio Inca (principios siglo XV d.C. – 1º cuarto del siglo XVI)

4.- PANORAMA GENERAL DE CULTURAS INDÍGENAS PRECOLOMBINAS

Las primeras culturas que encontramos en el norte eran grupos de cazadores de los que se conservan algunos vestigios arqueológicos. Se trata de culturas asociadas a la caza de los grandes mamíferos del Pleistoceno. Se conservan pocos restos arqueológicos de los primeros habitantes americanos (los más antiguos datan del 30.000 a.C.), pero hay que destacar las puntas de proyectil, utilizadas para la caza de fauna hoy extinguida, especialmente las puntas de Sandía (Nuevo México, hacia 12.750 a.C.), Clovis y Folsom que se encuentran en varias zonas del continente.

Hay otros hallazgos de mayor antigüedad, más o menos aislados, que nos permiten confirmar que la entrada de los primeros pobladores es muy anterior. Por ejemplo, en la Ciudad de México se descubrió una hoja de obsidiana fechada en el 21.000 a.C. y cerca de Puebla se hallaron restos materiales asociados a elementos de caza de mamuts, en torno a la misma fecha.

Los pueblos que encontramos a lo largo del continente americano son, evidentemente, muy variados, dada la extensión geográfica y temporal que estamos tratando. Encontramos distintos estadios culturales y organizaciones sociales: algunas culturas podemos clasificarlas como bandas, tribus y cacicazgos hasta llegar a civilizaciones superiores, tales como la azteca, maya e inca, éstas últimas con una clara diferenciación social, a las que dedicaremos las últimas páginas de este estudio. Es decir, las tribus son organizaciones sociales más simples, en las que apenas existe diferenciación social; en el cacicazgo ésta empieza a estar más marcada hasta llegar a lo que llamamos civilizaciones, en las que la estratificación social está claramente diferenciada y posee una gran importancia a la hora de adjudicar el rol que desempeña cada individuo dentro de la sociedad, desde que nace hasta que muere.

La economía y forma de subsistencia de los pueblos del norte es variada: caza, pesca, recolección, pastoreo, intercambios comerciales, agricultura…

Vamos a ver ahora algunas de las culturas más representativas de América, agrupándolas por zonas geográficas:


4.1.- AMÉRICA DEL NORTE

La teoría de las áreas culturales se aplica más a América del Norte que del Sur. Ésta que sigue es una de las posibles clasificaciones con algunos ejemplos de pueblos que habitaban estas áreas:

- Ártico (esquimales y aleutianos)
- Costa Noroeste (haidas, tlingits, kwakiutls, nootka, salichs)
- Área Subártica (algonquinos, atapascos)
- Sudoeste (indios pueblo, navajos, apaches)
- Sudeste (indios Nátchez, seminolas, choctaws, creek, cherokee)
- Gran Cuenca y Meseta (paintes, shoshones)
- Este (iroqueses, hurones)
- Praderas (caddo, kiowa, sioux, comanches, pies negros)
- California (pomo)
- Florida (ticunas, calusas)

Es decir, que toda América del Norte estaba poblada por una gran cantidad de tribus y pueblos, que sumaban varios millones de habitantes, de los que actualmente apenas quedan poco más de dos millones y medio (1% de la población actual estadounidense) confinados en reservas y condenados a la extinción. Podemos asegurar que el genocidio que los anglosajones y los colonos del norte llevaron a cabo contra estos pueblos fue el mayor de la historia.

Los pueblos de América del Norte tienen una serie de características, costumbres y creencias muy similares, ciertamente con particularidades propias a cada uno, pero podemos hablar de aspectos comunes a casi todos los grupos. Los que se diferenciarían más son los esquimales, ya que por la hostilidad del medio deben desarrollar formas de supervivencia particulares, y los indios nátchez, que tuvieron una gran influencia de las civilizaciones mesoamericanas a través del golfo de México, por lo que alcanzaron un estadio cultural más avanzado y una estratificación social mucho mayor que la de cualquier otro grupo del norte.

Veamos ahora de forma más detallada las características principales de los esquimales y los indios nátchez, los dos pueblos que tienen unas características más diferenciadas, por las razones que hemos indicado al principio de este apartado:

a) Esquimales

Se encuentran en la zona de Alaska, la tundra y las costas del Ártico.

Son un claro ejemplo de la adaptación a un medio extremo e inhóspito, a través de sus rasgos físicos: tienen la piel más gruesa, no superan 1,60 m. de altura, son robustos, los ojos están acostumbrados a la luz ártica, por lo que tienen una visión muy aguda, y tienen los arcos superciliares muy desarrollados para proteger los ojos del frío, la nieve y las ventiscas.

Su economía se basa en la pesca y caza de mamíferos marinos.

b) Indios Nátchez

Se trata de un pueblo guerrero que se localiza en el valle del Mississippi. Es una cultura más desarrollada que las anteriores, debido a los contactos con las culturas mesoamericanas, a través del golfo de México, ya que comparten algunas de sus principales características: construcciones en forma de pirámides (la más antigua data del 500 d.C.), un grado social superior de nobles y sacerdotes, vivían en poblados con empalizadas, practicaban el juego de pelota y realizaban sacrificios humanos en honor al sol. Pero también comparten muchas de las tradiciones comunes de los indios de Norteamérica, como las ceremonias de la cosecha o el rito de fumar la pipa de la paz, el calumet.

Se trata de un grupo con una estratificación social muy bien diferenciada con una organización piramidal, es decir, en la cúspide se encuentra un jefe divinizado que recibe el nombre de Gran Sol, a continuación los nobles, sigue el pueblo y en la base se encuentran los esclavos. El título de Gran Sol lo ostentaban tanto hombres como mujeres. Sin embargo, existe movilidad social pues era frecuente que un Gran Sol escogiera a su esposa o esposas entre la clase común o que una Mujer Gran Sol eligiera al que iba a ser su marido entre los comunes.

Los ritos de los nátchez giran en torno al culto del dios Sol. El jefe, El Gran Sol, junto a su esposa, esperaba cada día la venida del sol en la puerta de su casa.




Después acudían al templo para adorarle y explicaban al pueblo el mensaje que les había transmitido. En el templo permanecía encendido un fuego perpetuo, presidido por varios guardianes, que estaba conectado con el bienestar del pueblo y su extinción requería tomarlo de otro templo.

Los ritos son dirigidos por el Gran Sol pero también existe la figura del chamán, que podía ser tanto un hombre como una mujer. Hay distintos tipos: unos son curanderos y otros especialistas en lluvia.

En cuanto a las costumbres funerarias, tenía especial importancia el entierro de un Gran Sol o de algún miembro de rango elevado, que eran diferentes de los ritos de la clase común, pues parece ser que ésta no tenía acceso a la otra vida. La clase común era enterrada con sus posesiones, los plañideros se cortaban el pelo, no asistían a reuniones públicas y debían visitar diariamente la tumba durante tres meses. En cambio, a la muerte del Gran Sol sus esposas y sirvientes se preparaban para la muerte. O si quien había muerto era la Mujer Gran Sol, entonces se estrangulaba a su marido «plebeyo». Se preparaba entonces una comitiva funeraria que acompañaría al Gran Sol en la otra vida. Había personas que se prestaban a morir voluntariamente porque era una de las pocas formas que tenía el pueblo llano de acceder a la otra vida e, incluso, había padres que sacrificaban a alguno de sus hijos, porque así ellos subían de clase social. Las personas que iban a formar parte de la comitiva funeraria se reunían en la plaza donde consumían alucinógenos para perder la conciencia. A continuación eran estrangulados por sus hijos.

Los nátchez, como la mayoría de los pueblos americanos, creen en una vida eterna después de la muerte. Aquéllos que habían violado los preceptos éticos eran destinados a un mundo inhóspito, cubierto de agua, mosquitos y con escasez de comida. En cambio, a quienes habían cumplido los preceptos les esperaba otro mundo descrito por la esposa de Serpiente Tatuada, un jefe de guerra, y recogido por Du Pratz (1.758): «No os apenéis. En el mundo de los espíritus uno ya no muere más. El tiempo siempre es bueno; uno no tiene nunca hambre, ya que allí no falta nada para vivir mejor que aquí. Los hombres no guerrean porque allí no existe más que una sola nación».

Podemos establecer una serie de características comunes a los habitantes de América del
Norte que pasaremos a analizar a continuación.

Veamos ahora las costumbres y ritos asociados al ciclo vital, es decir, al nacimiento, pubertad, reproducción y muerte. Lo sobrenatural está muy cercano al hombre durante estas cuatro crisis biológicas y el paso de un estado a otro se marca claramente con los llamados ritos de paso. Éstos marcan la transición de un estado vital a otro para que sea reconocido por la sociedad.

Nacimiento y reproducción: El matrimonio es una institución común en el norte de América. Si una pareja no lograba tener hijos era motivo de separación. En caso de esposa estéril, la hermana más joven podía ser tomada como segunda esposa para tener descendencia. Si no existía otra hermana o pariente disponibles, a veces se devolvía el precio de la novia (equivalente a la dote) y el matrimonio se disolvía. Siempre se consideraba que la esterilidad era causada por la mujer y no por el hombre.

Los niños son más apreciados que las niñas en las áreas de descendencia patrilineal, al contrario que en las que domina la descendencia matrilineal. Es decir, en algunas áreas de América encontraremos sociedades en las que predomina la herencia paterna y otras en las que predomina la línea materna en la organización social.
Cuando una mujer estaba embarazada, realizaba ciertos actos beneficiosos para su salud y la del bebé y evita otros que podrían ser perjudiciales. Por ejemplo, existe el tabú de comer carne, ya que los espíritus de los animales se podrían ofender, o sólo pueden beber agua de un recipiente especial. La mujer, generalmente, era aislada del resto de la sociedad durante el período de gestación, ya que el embarazo es una etapa rodeada de tabús y ritos para llegar a un feliz parto. Por ejemplo, entre los cherokee, cuando había luna llena, la madre debía bañarse. Un chamán, su marido y otros familiares la acompañaban y el primero predecía el futuro el niño. Cuando éste nacía, el padre debía enterrar la placenta entre dos montañas. Entre los creek y los chickasaw, después del parto, la madre permanecía aislada en una casa durante cuatro días y durante varios días más no podía preparar la comida de su marido. En
el parto era asistida por su madre o una familiar cercana y el recién nacido era inmediatamente sumergido en agua fría. Se creía que los gemelos serían probablemente profetas. En el área circun-Caribe, la madre sólo come tapioca y bebe un poco de agua durante los días posteriores al parto. Los choctaw y los nátchez practican la costumbre de la deformación craneal, que era una cuestión estética. Para ello, se ataba a la cabeza del recién nacido un paquete lleno de tierra para que ejerciera presión sobre el cráneo.

El infanticidio se practica en todas las áreas. Un ejemplo clásico es en el caso de niños con malformaciones. Es decir, los padres tienen poder sobre la vida y muerte del hijo y no es necesario que consulten a ninguna autoridad. Sin embargo, en la zona sudeste existe un límite y entre los creek, la madre era dueña absoluta del niño sólo durante su primer mes de vida. La mortalidad infantil es alta en toda Norteamérica.

El padre participa activamente en los ritos de nacimiento. Entre algunos pueblos se practica la covada: el padre asumiría el papel de la madre, permaneciendo en la cama tras el parto con el mismo comportamiento y tabús que corresponderían a la madre, mientras que ésta llevaría una vida normal inmediatamente después del parto. La covada se da normalmente en las sociedades matrilineales, por lo que algunas interpretaciones hablan de un intento del hombre de asumir su paternidad y que su rol de padre dentro de la sociedad sea reconocido.

- Pubertad: por medio de los ritos de pubertad, la sociedad reconoce que el hombre y la mujer han dejado de ser niños y han pasado a ocupar un nuevo status social.

No se trata de un cambio abrupto, sino que dura varios años, aunque en las niñas generalmente la primera menstruación es un hecho significativo, debiendo permanecer aisladas unos días en una cabaña especial. Por ejemplo, entre los navajos, sociedad matrilineal, se realizaba un ritual de cuatro días de duración en el que la niña repartía alimentos entre los asistentes y éstos le daban mantas. La niña debía echarse sobre ellas y se pasaba por encima el listón de un telar, ya que las mujeres se encargaban de la confección de tejidos. Después, las mantas eran devueltas a sus dueños y ella quedaba reconocida como mujer. En otras sociedades del mundo, existen rituales de pubertad dolorosos, aunque generalmente en América no es así.

Se realizan, por tanto, una serie de ritos para marcar el paso de la infancia a la pubertad, de modo que el nuevo rol queda reconocido y sellado por la sociedad. Se trata de ceremonias de iniciación que conllevan diversas pruebas en las que los jóvenes deben demostrar su resistencia y hombría. Cada joven en la edad de la pubertad participa en una ceremonia de iniciación en la que entra como un niño y sale como un hombre. Cada hermandad tiene un mito que explica sus orígenes y ritos particulares.



- Muerte: ya desde el hombre de Neanderthal, existen signos de enterramientos y culto a los muertos. Todas las sociedades del mundo tienen un trato especial hacia la muerte y los muertos. Encontramos, por tanto, muchos y muy variados ritos funerarios. Por ejemplo, en el sudeste matan un caballo o un perro a la muerte del dueño como sacrificio a los dioses e incluso se llegaba al sacrificio humano en el caso de que el muerto fuera alguien de alto rango.

Entre los cherokee, inmediatamente después de la inhumación, los parientes se bañan en el río como rito de purificación y siete días después se celebra una danza con el objetivo de alejar al espíritu y reconfortar a la familia. La tumba no se visitaba por miedo a la mala suerte.

Los creek y los chickasaw, enterraban a sus muertos envueltos en una manta, les pintaban la cara de rojo y negro e, incluso a veces, se enterraba al muerto en su propia casa. Entonces, la familia se trasladaba y construía una nueva vivienda.

Durante cuatro días, un fuego permanecía encendido junto a la tumba, las plañideras gritaban y se lamentaban sobre el cadáver, la esposa permanecía aislada cuatro meses y no podía casarse antes de cuatro años: estos casos son ejemplo del carácter sagrado que se le confiere al número cuatro en muchas culturas.

Los choctaw quemaban la casa del muerto con todo lo que contenía. El cuerpo se colocaba dentro de un ataúd de corteza de ciprés sobre una plataforma cerca de la casa y se depositaban alimentos y las pertenencias del muerto. El cuerpo se cubría de pieles de oso o una manta de lana. Se encendía también un fuego junto al ataúd durante cuatro días. Cuando la carne estaba podrida, un especialista separaba ésta de los huesos y se dejaban secar al aire para ser purificados. La carne, en cambio, se quemaba. Entonces, este especialista ponía los huesos dentro de un cofre y se llevaban en procesión hasta una construcción especial en la que se iban almacenando cofres de distintos muertos. Cuando estaba llena, todos los cofres se sacaban en una solemne procesión, se colocaban en forma de pirámide y se cubrían de tierra. Se conservan montículos sencillos que datan del 1.000 a.C. hasta estructuras más complejas en el Valle del Ohio del 1300 d.C. Se hallan en lugares aislados. Conocemos especialmente bien los ritos de los indios del sudeste de los Estados Unidos, gracias a escritores y viajeros de los siglos XVIII y XIX, sobre todo, (Du Pratz, Dumont, Timberlake, Adair y Charlevoix, entre otros, ya que algunos, incluso, convivieron entre los indios para realizar sus trabajos) que han dejado plasmadas sus impresiones acerca de las ceremonias y, aunque varían en algunos detalles, coinciden en cuestiones principales. Así se sabe que los choctaw creen que en la otra vida realizarán los mismos actos que en ésta, motivo por el que los muertos son provistos de comida, armas y pertenencias personales. Según sus creencias, las personas que morían de forma violenta, implicando pérdida de sangre, y los asesinos, no entrarían en la Casa de Aba, donde siempre era primavera, lucía el sol, había flores, pájaros, fruta y caza en abundancia. Todos los que entraban en este paraíso se volvían virtuosos, sin recuerdo de su vida en la tierra. Aquí no existía el peligro ni la violencia.

Entre los nátchez, los jefes eran enterrados con grandes ceremonias, pero se sabe poco acerca de los enterramientos de las clases bajas. El templo es el principal lugar de enterramiento para los jefes. Existen dos tipos de enterramiento:

- El cuerpo es inhumado bajo el suelo del templo.
- Los huesos limpios se almacenaban en contenedores dentro del templo.

Los ritos funerarios entre los nátchez señalan la gran diferenciación social que existe en este pueblo, que es mucho mayor que la de cualquier otro grupo del norte, donde vemos que las tumbas no se diferencian mucho de unas a otras. Se trata de otra de las evidencias que señalan el contacto con las culturas mesoamericanas.

El sistema de creencias tiene muchos rasgos comunes en la mayoría de los grupos del norte de América, con matices propios de cada pueblo. Los espíritus, benignos y malignos, están muy presentes en casi todas sus actividades. En su sistema de creencias destacan sus medios curativos, especialmente entre los indios navajo, grupo de la cultura de las praderas, que se encontraban en la zona del Cañón del Colorado, una zona desértica. Se trata de un hábitat concentrado en zonas de pasto donde pueden mantener rebaños de ovejas. También se dedican a la agricultura. Existe la figura del especialista, el chamán, que es una de las personas más importantes dentro de la sociedad tribal. La curación se realiza por medio de pinturas en el suelo. Las enfermedades pueden ser físicas o del alma. Sólo llegan a ser chamanes aquéllos que tienen conocimiento del poder de las hierbas medicinales y son capaces de ejercer la predicción y la adivinación.

El proceso de las pinturas de arena está ligado a la creencia de que cualquier tipo de pintura tiene un poder mágico. Se realizan dentro del hogán (tipi protegido por una capa vegetal), se despeja el suelo y se cubre de una capa de ceniza o arena. Para que el ritual sea efectivo ha de ser muy rígido. El chamán realiza la pintura con la mano izquierda desde que sale el sol hasta que se pone. La salida del hogán ha de estar orientada hacia el este. A cada color se le adjudica una propiedad curativa. Los elementos comunes de estas pinturas, aunque no tienen porqué aparecer siempre juntos, son:

- Cuatro parejas de genios tutelares, masculinos y femeninos, muy estilizados.
- Se hallan rodeados por otro genio con forma de arco iris circular.
- Elementos circulares: son elementos vinculados al agua y a los orígenes del pueblo navajo.
- Serpientes protectoras del agua.
- Los cuatro puntos cardinales asociados a los cuatro vientos, cuatro colores y cuatro direcciones. Es decir, aparece otra vez el cuatro como número mágico.
- Representación de plantas benignas.

La persona enferma se suele sentar o echar sobre la pintura. La familia puede estar presente en la curación para ayudar al chamán, que cobrará sólo si el enfermo sana. En el caso de que muera el paciente, antes de llegar al mundo de los muertos y convertirse en un ancestro, se transforma en un espectro que puede ser maligno y, entonces, perseguir a los hombres. En otros casos son benignos y protectores. Las sociedades secretas y las máscaras son un medio de acercarse a los espectros y averiguar qué es lo que necesitan. Durante las ceremonias se repite una música rítmica y repetitiva que puede durar todo el día y llevar a un estado de trance.

Hemos visto que los indios navajos, como todos los indios de las praderas, viven normalmente en tipis. Las viviendas varían de un pueblo a otro pero hay que destacar las construcciones características de los indios pueblo que viven en casas en forma de cubo, construidas de piedra y tierra, con un único hueco de acceso en la parte superior, de modo que el interior queda completamente aislado. Este grupo no belicoso se localizaba en los actuales estados de Nuevo México y Arizona y se desarrollaron entre el 500 a.C. y el siglo XIII de nuestra era. La ciudad mayor de este grupo, Pueblo Bonito, llegó a contar con hasta 800 estructuras cúbicas y unos 1.200 habitantes.

La mayoría de los ritos de los indios del norte van acompañados de canciones y danzas y de una serie de rituales de purificación a los que se someten el chamán y algunos de los participantes en los ritos (ayuno, abstinencia sexual, aislamiento del resto de la tribu por unos días, tabaco, ingestión de alucinógenos…). La vida ceremonial está relacionada con la social, ya que generalmente en los ritos participan hombres, mujeres y niños de varios pueblos, por lo que es motivo de reunión y reencuentro entre amigos y familiares, así como de intercambio comercial. Cada tipo de danza es acompañada por una música determinada, que expresa lo que se desea conseguir a través del rito. Un rito común entre los indios del norte es uno que se realiza en primavera: la cosecha del maíz. Se realizan entonces dos danzas: una para dar gracias al buen espíritu por el éxito obtenido ese año y otra para pedir éxito en la cosecha del año siguiente. Entre los indios del sudeste, para animar a que los jóvenes sigan trabajando y cultivando maíz, los ancianos colocan un ídolo en el campo, vestido como un indio, al que los jóvenes no se atreven a acercarse. Si no trabajan, su espíritu irá contra ellos. El punto más importante de esta ceremonia se produce por la noche, cuando se enciende un fuego, generalmente junto a la casa del jefe, y dos hombres permanecen sentados sobre una alfombra: uno con una especie de maraca rellena de judías para producir sonido y otro con un tambor para acompañar la canción elegida.

Entre los cherokee se celebra la Danza del Maíz Verde. Antes de comer el maíz, el mago coge algunos granos y los arroja al fuego. Después, cada familia puede cocinar y comer su maíz. Entonces, se enciende un fuego nuevo en el pueblo por la mañana, después de haber estado toda la noche bailando. El mago elige siete personas para esta ocasión.

La ceremonia de cosecha de los creek recibe el nombre de «boskita» y está muy bien documentada. Los creek son un pueblo guerrero con una organización social basada en méritos y no en el nacimiento. El principal cometido de la «boskita» era restaurar las conexiones de la tribu con el universo. Esta celebración se realizaba año tras año y así se restauraba el equilibrio que debía existir entre el pueblo y el universo, que después de un año de vida profana tendía a la ruptura. Por lo tanto, es el ritual más importante que celebraban los creek. De aquí los tabús y el riguroso ayuno. Por ejemplo, no pueden tocar la cosecha hasta después de la fiesta. Este tabú es tan importante que si la cosecha de una familia madura antes de lo previsto, se alimentarán de raíces o pasarán hambre antes de tocar el maíz, aunque éste se pierda. Las mujeres no participan en la ceremonia, aunque se encargan de la preparación y de cocinar todo lo necesario para la ceremonia.

Con ésta, se marca el inicio del Año Nuevo, por lo que es necesario purificar sus casas y sus cuerpos por medio del ayuno. Amigos y parientes de puntos lejanos se reúnen para esta ocasión. Cada hombre que haya pasado la pubertad acude a la explanada donde se celebrará la «boskita» y la ausencia es penalizada. Los más jóvenes limpian la explanada y la rodean por una valla que dejan abierta en las cuatro esquinas (otra vez el número sagrado cuatro), por donde entraban las mujeres y niños con la comida. El primer día era de paz, por lo que todos los problemas y deudas debían ser solucionados.

Es decir, los creek han de seguir un comportamiento ético, necesario para dirigir con éxito al pueblo. A la mañana siguiente empezaba el día de purificación. Un chamán vestido de blanco encendía el fuego nuevo con cuatro troncos orientados a los cuatro puntos cardinales. El color blanco está muy presente en este ritual como símbolo de pureza: uso de pintura blanca, humo blanco, vestidos blancos… El medio de purificación es una bebida hecha a base de una hierba llamada ílex vomitoria, preparada por el chamán acompañado de un ritual específico. Cada hombre recibe un recipiente con la bebida y, después de que el oficiante pronunciara unas palabras rituales, se bebía y vomitaban, al menos cuatro veces durante el día. Las mujeres y los niños no lo bebían pero se lavaban con este líquido. Después de estos ritos, ya se procedía a cocinar el maíz y se realizaban otras actividades: caza, una batalla figurada, un discurso moral dirigido por el jefe a la población. También se celebraba una prueba: golpear el poste, prueba ésta que concedía honores a los guerreros. Por la noche, se celebraban danzas, a las que acudían tanto hombres como mujeres.

En los ritos de lluvia, los cherokee, por ejemplo, también eligen siete hombres o mujeres en representación del clan, que ayunan el tiempo que el mago emplea para conseguir la lluvia y cuando ésta llega finalmente, se sacrifica un ciervo. El mago también ayuna y pronuncia una serie de conjuros. Vemos que en estos casos, el número mágico es el siete. En las culturas americanas los números sagrados son normalmente el cuatro, el siete y sus múltiplos.

Entre los indios creek, los cherokee y los iroqueses, entre otros, encontramos una jerarquía dentro de los chamanes, es decir, una organización sacerdotal estratificada:

- Los conocedores: son aquéllos que profetizan el futuro y diagnostican enfermedades. Generalmente, se asignaba este rol a los hermanos gemelos.
- Sacerdotes y médicos: aprenden en escuelas especiales con los ancianos de la tribu, donde deben realizar ritos de purificación (ayuno), toman medicinas y hierbas especiales y son iniciados en el conocimiento.
- Especialistas en el tiempo, lluvia y riadas.

«Yo podría hacer que las flechas volaran con estos arcos. Pero no conozco los Pueblos que los fabricaron: algonquinos, comanches, navajos, dice el Majapa; y persas, escitas, macedonios; los nombres cantan como el canto de mi arco perdido.
¡Aii-ya! ¡Disparar el arco, volver a disparar el arco! ¡Ver mis flechas volando al salir de estos arcos de guerrero!»


4.2.- MESOAMÉRICA

Recibe este nombre el área del continente americano que incluye el centro y sur de México y la parte noroccidental de Centroamérica y no coincide exactamente con ningún país. Se trata de un término acuñado por los antropólogos para designar un área cultural, un contexto cultural e histórico, donde se desarrollaron las civilizaciones maya y azteca, principalmente.

La información que poseemos proviene de los hallazgos arqueológicos y de los cronistas españoles que desde el primer momento plasmaron en las crónicas las costumbres de la población que encontraron, destacando Fray Diego de Landa, Fray Bartolomé de Las Casas y Bernal Díaz del Castillo entre otros.

Fray Diego de Landa, en su Relación de las cosas de Yucatán, habla de los edificios de la siguiente manera:

 «En Yucatán hay muchos edificios de gran belleza, lo que es cosa más digna de nota de las Indias, todos en piedras talladas muy bien trabajadas, sin que en tales construcciones entre ninguna especie de metal. Los mencionados edificios están bastante cerca unos de los otros y son templos; y son en gran número a causa de los frecuentes desplazamientos de la población; en cada centro construían un templo con gran diversidad de piedras, con cal y con una cierta tierra blanca, óptima para la construcción. Tales edificios no han sido hechos por otras naciones, sino por estos indios, y nos podemos dar cuenta con los hombres de piedra, desnudos, pero honestos con sus largos paños que ellos llaman Ex y con otras cosas particulares que los indios llevan».

Las culturas mesoamericanas tienen una serie de rasgos comunes tales como la agricultura (maíz, calabaza, chile, frijol), ausencia de animales domésticos y de la rueda, calendario, religión politeísta con sacrificios humanos, juego de pelota, sociedad estratificada, uso del cacao como moneda y como bebida, construcción de pirámides y el sentido de un origen cultural común.

La datación es un problema en el área mesoamericana debido a que todavía no se ha podido descifrar por completo la escritura y a que se siguen realizando hallazgos arqueológicos que cada vez aportan más información. Además, las fechas pueden variar de una zona a otra. Sin embargo, podemos clasificar por períodos históricos de la siguiente manera, teniendo en cuenta que hablamos siempre de fechas orientativas:

- Formativo (2.500 a.C.- 0 a.C.): Olmecas y mayas
- Clásico (0-900 d.C.): Teotihuacán, Monte Albán, El Tajín y mayas
- Postclásico (900 d.C.-1500 d.C.): toltecas, aztecas y mayas y otros pueblos: mixtecas, huastecos, zapotecos.


A) PERÍODO FORMATIVO

• Mayas
Período preclásico (2.000 a. C. – 300 a.C.)
Período Protoclásico (300 a.C. – 200 d.C.)
Tanto la cultura maya como la azteca serán analizadas detenidamente al final de este trabajo, por ser las dos civilizaciones mesoamericanas de mayor importancia.

• Olmecas (1200-100 a.C.)
Se localizan en los actuales estados de Veracruz y Tabasco, en el golfo de México, destacando los sitios de San Lorenzo y La Venta.

Podemos distinguir tres fases:

- 1.200 a.C – 900 a.C.: sitio de San Lorenzo.
- 900 a.C. – 400 a.C.: cuando se destruye San Lorenzo, el sitio que pasa a cobrar importancia es La Venta.
- 400 a. C. – 100 a.C.: época de decadencia.

Este pueblo basa su economía en la agricultura y el comercio. El aspecto artístico es el más característico de los olmecas, ya que destacan las cabezas colosales de basalto, de 1,60 a 3 metros de alto y varias toneladas de peso. Gracias a ellas tenemos constancia de su aspecto físico, puesto que se conservan pocos restos humanos. Debido a la humedad y acidez del suelo, los restos óseos se desintegran con facilidad. Los olmecas eran bajos, fornidos, algo obesos, de cara redondeada, con claros rasgos mongoloides, la nariz ancha y los labios gruesos.

Se trata de una sociedad jerarquizada a cuya cabeza está el gobernante, le siguen nobles y sacerdotes y, por último, el pueblo. Es la estructura social que seguirá toda Mesoamérica. De hecho, la cultura olmeca es la creadora de las bases comunes a las culturas mesoamericanas.


B) PERÍODO CLÁSICO

• Teotihuacán (siglo I d.C. – VIII d.C.)

La ciudad de Teotihuacán se sitúa en el valle de México. Hacia el siglo I de nuestra era  experimenta un enorme desarrollo demográfico y se convierte en una de las más  grandes e importantes ciudades mesoamericanas. Experimenta su etapa de mayor  esplendor desde el año 200 d. C. hasta el 600, en que la ciudad llegó a albergar a unos  75.000 habitantes. Fue el centro religioso y administrativo de una gran región.

La ciudad tiene 3 kilómetros de longitud, con un gran eje central, llamado la Calzada de los Muertos, que iba desde la imponente pirámide del Sol, al norte, hasta el impresionante conjunto llamado la Ciudadela, al sur. Otros elementos arquitectónicos importantes y de gran magnitud que encontramos son la Plaza del Mercado, la pirámide de la Luna y el templo de Quetzalcoatl, decorado con hileras de cabezas de serpiente y cabezas de Tláloc, el dios de la lluvia. La ciudad estaba también recorrida por un eje este-oeste, quedando así dividida en cuadrículas por donde se distribuían calles y viviendas, de modo que los barrios de la élite eran los que quedaban más cercanos al centro. Se trata de una planificación urbanística altamente elaborada, ya que tenía que ser capaz de acoger a una gran población y existían, por tanto, canales y redes de drenaje.

Este urbanismo es altamente simbólico. La ciudad adquiere un carácter sagrado y refleja la cosmovisión de sus habitantes, es decir, su forma de ver y comprender el mundo queda reflejada en la planificación urbanística de la ciudad de Teotihuacán. Está concebida como el ombligo del mundo, como el centro del universo.

Es por eso que basta una mirada sobre el monumental conjunto de la ciudad para comprender de inmediato que nos hallamos ante una sociedad muy compleja y estratificada. Era absolutamente necesaria una autoridad centralizadora para llevar a cabo estas obras públicas y poder dirigir, abastecer y crear orden en una ciudad de tales dimensiones. A partir de los hallazgos arqueológicos podemos establecer que nos hallamos ante una sociedad teocrática dividida en estamentos:

- Por un lado la élite, formada por gobernantes, linaje real, sacerdotes y nobles.
- La gente común, dentro de la cual había también diferencias: artesanos, comerciantes y campesinos.

En cuanto a la economía, la agricultura era necesaria para abastecer a la ciudad, aunque la tecnología era escasa, rasgo común a casi toda Mesoamérica, y no era compleja. Los materiales empleados eran la piedra, madera, hueso… Se desarrolló el comercio y existía una importante manufactura y artesanía en la ciudad, de la que se han encontrado vestigios arqueológicos, que nos indican que probablemente los oficios estuvieron agrupados por barrios.

La religión es un aspecto fundamental al tratarse de una teocracia. Se trata de una ideología capaz de integrar todos los aspectos de una sociedad compleja. El mensaje religioso es transmitido a través de la arquitectura y de la pintura que estaba a la vista de todos los ciudadanos. Era necesario que este mensaje llegara de forma clara al pueblo, puesto que se trata de la forma de legitimar el poder real y la marcada diferenciación social. Es decir, estableciendo vínculos entre el linaje real y los dioses queda justificada la diferencia social y se legitima el poder real, necesario para mantener el orden. El dios principal es Tláloc, el dios de la lluvia, aunque el panteón teotihuacano es muy amplio y encontramos los dioses comunes a toda el área mesoamericana: el dios del maíz, la diosa del agua, dios del fuego, dios de la muerte, etc. En la época final de esta ciudad, Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, sustituye a Tláloc en importancia.

En cuanto al arte, ya hemos visto al principio, destacan los enormes monumentos religiosos dedicados a los astros. La pirámide del Sol, por ejemplo, mide 65 metros de altura. La pintura mural es muy variada y rica pero se ha perdido la mayor parte al estar expuesta a la intemperie. A través de las manifestaciones artísticas nos queda constancia de la presencia de sacrificios humanos, característica común a las culturas mesoamericanas, y del juego de pelota.

 Hacia el año 500 d.C., la clase guerrera adquiere más prestigio y la sociedad se militariza más. Teotihuacán comienza, entonces, un periodo de expansionismo por motivos principalmente comerciales. Extiende sus fronteras por el norte, por el sur y por las Tierras Bajas mayas y establece alianzas militares y comerciales con varios pueblos vecinos, hasta que llega la época de decadencia. También la aparición súbita de la decadencia en los grandes centros es otro de los rasgos comunes mesoamericanos. Es decir, muchos de los centros importantes experimentan un súbito abandono sin que se tenga muy claro el motivo, por falta de evidencias arqueológicas suficientes y de testimonios escritos. Sin embargo, con los hallazgos arqueológicos que contamos, hay datos que hablan de un gran incendio que se produjo hacia el año 650 d.C. que destruyó gran parte de la ciudad, coincidiendo con una época en que el comercio entró en crisis y la población fue disminuyendo. Así Teotihuacán decae y pierde su rol de centro del universo, aunque no fue completamente abandonada.


• Monte Albán (500 d.C.-1.000 d.C.)

Está situado en el valle de Oaxaca y sus habitantes son los zapotecas. Sus orígenes los encontramos ya en el período formativo (en torno al 500 a.C.), pero cuando adquiere importancia es durante su desarrollo en la época clásica. La ciudad alcanzó unos 16.000 habitantes y se duplicó a fines del clásico. Tenía 6 kilómetros cuadrados, aunque su área de influencia abarcaba alrededor de 40 kilómetros cuadrados. La ciudad se distribuye en torno a una plaza principal y desarrolla una arquitectura y un urbanismo con influencias de Teotihuacán. Al igual que ésta, tiene un eje norte-sur que va distribuyendo los barrios, espacios rituales, zonas habitacionales y zonas de mercado.

La división espacial es perfectamente geométrica. Las edificaciones se sitúan sobre un podio al que se accede por escalones. Se trata de una arquitectura adintelada, pesada y de grandes proporciones. El estilo artístico es agresivo y se ha encontrado mucha cerámica.

La sociedad de Monte Albán está dividida en dos clases claramente diferenciadas, igual que hemos visto en Teotihuacán: gobernantes y nobles ocupan el escalafón más alto, sobre la gente común.

La religión da gran importancia al culto a los ancestros. Se han hallado tumbas muy elaboradas y rico ajuar funerario, de clara influencia maya, entre las tumbas de las clases nobles.

El dios supremo es Pije-Tao, el creador del universo, y a éste le siguen otros dioses mesoamericanos: de la lluvia, el jaguar, del maíz, del viento, del fuego…

Monte Albán sufre un proceso de decadencia muy similar al experimentado por otras  ciudades de Mesoamérica: tras un período de esplendor, por causas no del todo claras, llega la decadencia y el abandono total o parcial del centro. En el caso de Monte Albán, probablemente se debió a la llegada de pueblos extranjeros.


• El Tajín (200-1100 d.C.)

Durante el clásico temprano (200-550 d.C.) tiene clara influencia teotihuacana que se aprecia en la arquitectura y en la cerámica, pero a partir del año 550 ya desarrolla un estilo propio y adquiere una cierta hegemonía, aunque no llega a ser un centro tan importante como Teotihuacán o Monte Albán. Parece ser que sus habitantes fueron los totonacas, aunque este aspecto no está totalmente claro.

La ciudad se desarrolla alrededor de la Plaza de los Nichos, destacando una serie de palacios y hasta once juegos de pelota. A fines del clásico albergó a unos 3.500 habitantes, aparte de la población dispersa por los alrededores.

Uno de los aspectos más importantes de El Tajín es el juego de pelota, ya que se han encontrado once en esta ciudad. Hemos visto cómo el juego de pelota es una de las características comunes mesoamericanas. Se trata de un juego que, en un momento dado, llega a elevarse a nivel de culto estatal y tiene un claro sentido religioso. Se trata de la representación de la cosmovisión mesoamericana. Parece ser que el movimiento de la pelota simboliza el movimiento de los astros. Se jugaba con una bola de caucho macizo y se usaban codos, rodillas y caderas, pero la pelota no podía tocarse ni con las manos ni con los pies. El juego consistía en pasar la pelota por un aro de piedra, en ocasiones ricamente trabajado, que estaba en las paredes laterales de la construcción, aunque no se conocen bien todas las reglas del juego. Los elementos que llevaban los jugadores eran hombreras, espalderas, yugos en forma de U, palmeras alargadas con forma de abanico y hachas con forma de cabeza. Todos estos datos aparecen representados en bajorrelieves en las paredes del campo del juego de pelota. Así, se sabe que el capitán del equipo perdedor era ofrecido en sacrificio a los dioses, que necesitaban la sangre como elemento que da la vida. En las paredes que rodean el campo sur se aprecia una secuencia del juego como rito, desde que los jugadores se visten hasta el sacrificio y llegada al inframundo.

El Tajín fue abandonado parcialmente en el 1100 y la causa probable pudo haber sido un incendio, del que hay evidencias arqueológicas.


C) POSTCLÁSICO

El paso del clásico al postclásico en Mesoamérica está marcado por la decadencia de los grandes centros. Se trata de un período amplio que transcurre entre el 700 y el 1.000 d.C. Las ciudades que habían llegado a alcanzar una gran hegemonía decaen y son abandonadas de forma parcial e incluso total en algunos casos. Existen multitud de pueblos (los mixtecas de la ciudad de Cholula, los huastecas del norte de Veracruz, los zapotecos de Oaxaca…) pero vamos a analizar las tres civilizaciones más importantes: los toltecas, los aztecas y los mayas.







• Toltecas (siglo X- XII)

Los toltecas son un pueblo que procede del noroeste y se instalan en la ciudad de Tula, en el actual estado de Hidalgo, a 60 kilómetros al noroeste de Teotihuacán. Se trata de un pueblo guerrero con un fuerte sentido religioso.

Tula está limitada por dos templos piramidales: el templo del Sol y el templo de Quetzalcoatl en el que destacan las columnas en forma de serpiente emplumada. Tuvo un gran desarrollo urbano: la ciudad llegó a ocupar un radio de 14 kilómetros cuadrados con una población en torno a los 60.000 habitantes. Alrededor de la ciudad se situó la población campesina que abastecía a la ciudad.

Se trata de una sociedad típica mesoamericana, con una clara estratificación social: por un lado la élite formada por los gobernantes, los sacerdotes, nobles y guerreros y por otro lado la gente común.

En cuanto al arte, aparte de las pirámides que hemos mencionado, destacan los relieves zoomórficos y en escultura los atlantes que cumplían la función de sostener altares. Se conservan muchos ejemplos de su cerámica y de sus trabajos en obsidiana. Su estilo influye mucho en la majestuosa arquitectura de la ciudad maya de Chichén Itzá en Yucatán.

Se diferencian de otras culturas de Mesoamérica por la utilización del metal y por la introducción del arco y la flecha.

Su decadencia llega hacia el año 1170 d.C. Como es común en esta área, las causas exactas no se conocen todavía, aunque parece ser que pudo deberse a un drástico cambio climático y a invasiones de pueblos extranjeros. El caso es que Tula fue destruida por el fuego y saqueada, lo que produjo el abandono de la ciudad por la mayor parte de la población.

• Mayas (siglos X-XV)
• Aztecas (siglos XIII-XVI)


4.3.- AMÉRICA DEL SUR

Encontramos una gran diversidad de áreas culturales y, por tanto, son muchos los pueblos y culturas que se desarrollan en estas áreas. Veremos, sin embargo, sólo las más significativas. Destaca la civilización incaica, que analizaremos al final más detenidamente. Entre ésta y Mesoamérica se encuentran los Andes septentrionales y el Istmo, formando una zona intermedia de pueblos agrícolas. En América del Sur encontramos pueblos importantes como los araucanos, cultivadores de la zona de Chile, y otros grupos de cazadores, agricultores y pescadores, extendidos por todo el sur de América, desde el Istmo.

Los yacimientos más antiguos de la zona central andina revelan culturas cazadoras y recolectoras en torno al 6.000 – 3.000 a.C. y en la zona de la sierra, en Ayacucho, en torno al 5.000 a.C. Sin embargo, consideramos como fecha de inicio del período formativo aproximadamente el año 1.200 a.C. con la cultura Chavín.

Las áreas culturales de América del sur son las siguientes:

- Circun-Caribe
- Savana-Orinoco
- Andes
- Selva tropical
- Atlántico
- El sur

A) FORMATIVO

Podemos dar una datación como inicio del formativo en torno al 1.200 a.C. pero se trata de una división cronológica a grandes rasgos, puesto que en Ecuador ya encontramos una cerámica muy desarrollada hacia 3.200 a.C.

• Chavín (1.200 a.C. – 300 a.C.)

Es el primer centro cultural de gran extensión de América del Sur. Se extiende por el norte de Perú, combinando centros ceremoniales con áreas de población dispersa.

Destaca principalmente por su estilo artístico reflejado en estelas, altares y templos y en una cerámica elaborada. Las representaciones son de seres humanos y una serie de animales de carácter sagrado como el jaguar, ciertas aves y serpientes. El tema felino es central en su iconografía.

Nos encontramos ante una sociedad estratificada con fuerte carácter religioso de la que tenemos todavía poca información. Sabemos que en esta época se trabajaba la metalurgia y se practicaba la agricultura del maíz.

La ciudad que da nombre al estilo, Chavín de Huantar, está a 3.135 metros sobre el nivel del mar, cerca del pueblo que en la actualidad conserva el mismo nombre. Hay varias edificaciones, destacando la llamada El Castillo, formada por una serie de construcciones que se han ido superponiendo a lo largo de los siglos. En su interior hay galerías y habitaciones y posiblemente cumplía las funciones de templo.

Las últimas teorías apuntan que Chavín, más que un imperio o civilización, fue un estilo artístico y una religión que fue adoptada por pueblos diferentes. El estilo Chavín se fue perdiendo en torno al 300 a.C. al ir haciéndose cada vez más fuertes las culturas regionales e ir adquiriendo personalidad propia.


• Paracas (siglos IV a.C. – I d.C. )

La cultura de Paracas se desarrolla en la costa peruana. Los datos que tenemos provienen de un interesante descubrimiento arqueológico en 1.925, cuando el arqueólogo Julio Tello encontró un cementerio con gran cantidad de tumbas en buen estado de conservación. Este cementerio se comenzó a usar en torno al siglo IV a.C. y se siguió utilizando hasta los primeros años de nuestra era. Se trata de una serie de tumbas excavadas bajo tierra. Junto a los cadáveres se ha encontrado un abundante ajuar funerario: cerámica, tejidos, alimentos, etc. Existe una gran diferencia entre unos enterramientos y otros, lo que podemos interpretar como un indicio de diferenciación social. En este caso se trataría de una jefatura o cacicazgo, es decir, la transición entre las sociedades igualitarias de bandas y tribus y los estados propiamente dichos.

De la cultura Paracas destacan sobre todo los tejidos y mantas decoradas, de un refinamiento y calidad espectacular. Son de lana y algodón, teñidos y trabajados en telares. Están decorados con temas geométricos en los tejidos más tempranos y ya de forma más tardía aparecen figuras humanas y animales.

Otros rasgos que conocemos de Paracas, a través de las tumbas, son las técnicas de momificación y la cerámica, de clara influencia Chavín.

Lo que llama la atención de este pueblo es la enorme preocupación por el culto a los muertos, que pareció centrar toda su actividad y su vida.


B) CLÁSICO

• Mochicas (siglo I d.C. – VII d.C. )

La cultura moche o mochica se desarrolla en los Andes centrales, ocupando gran parte del Perú actual.

El paso del formativo al clásico está marcado por los adelantos en la agricultura. Los mochicas destacan por su sistema agrícola de irrigación, por el uso de fertilizantes y por el desarrollo de obras hidráulicas como pantanos y acueductos. Junto a la agricultura, su economía se basa también en la pesca. Se han hallado restos de embarcaciones de juncos y sabemos que empleaban animales domésticos, como la llama, por ejemplo.

Los centros ceremoniales mochicas se caracterizan por sus grandes construcciones piramidales que reciben el nombre de huacas. Desarrollan una importante arquitectura religiosa, funeraria y civil, ésta última de marcado carácter militar (cuarteles y fortalezas). Es decir, parece ser que los centros urbanos mochicas cumplían funciones religiosas y administrativas, más que habitacionales. La población se distribuiría en los alrededores del centro ceremonial.

Un aspecto interesante de esta cultura es la cerámica, de gran belleza y realismo, que a través de su decoración muestra la vida y también la mitología.

En cuanto a la metalurgia, encontramos un trabajo muy fino en oro, plata, cobre, plomo y diversas aleaciones. Destacan también los tejidos y la pintura mural.


• Nazca (100 d.C. – 800 d.C.)

La cultura nazca se desarrolla en los valles meridionales de la costa peruana. Destaca la cerámica por su colorido, su gran fantasía y simbolismo, así como los tejidos que reciben la influencia de Paracas, el antecedente de Nazca. Se caracterizan por su gran colorido y una decoración geométrica que representa temas mitológicos.

La momificación de los cadáveres está muy desarrollada y los enterramientos aparecen acompañados de ajuar funerario.

Pero, sin duda, el rasgo que más ha llamado la atención de Nazca han sido los geoglifos descubiertos en la Pampa de Nazca: se trata de líneas en el suelo que representan formas geométricas y animales a gran escala, como pájaros, peces, un mono y una araña, entre otros. Se trata de pistas rectilíneas que pueden llegar a medir varios kilómetros de longitud. Mucho se ha hablado y especulado acerca de su significado, ya que sólo pueden ser apreciados en su totalidad desde el aire. Parece que están relacionados con la observación astronómica y con el calendario, pero de momento sólo son hipótesis. Otras teorías señalan que pudieron ser el trazado de danzas rituales.


• Tiahuanaco (600 d.C. - 1200 d.C.)

Tiahuanaco es un gran centro ceremonial que se encuentra en el área centro-sur, en el interior, en los alrededores del lago Titicaca, en la actual Bolivia. Está situado a 4.000 metros de altitud y todavía no se conocen las razones que impulsaron a este pueblo a situarse en un lugar tan inhóspito. Tenemos pocos datos de Tiahuanaco porque todavía no ha sido suficientemente estudiado, por lo que los orígenes de la cultura tiahuanacota siguen siendo un misterio por el momento.

Nos encontramos ante un centro ceremonial con edificios de piedra de grandes proporciones, orientados a los cuatro puntos cardinales. Destaca la llamada Puerta del Sol, una pieza monolítica de lava, de tres metros de altura por cuatro metros de anchura, con unos interesantes relieves que representan una figura humana. A ambos lados de ésta hay representaciones de cóndores y cuatro filas de personajes. Probablemente sea la representación de un gobernante, pero de momento no tenemos datos suficientes sobre esta cultura que, indudablemente, fue una de las más importantes de su época y que ejerció una indiscutible influencia en los pueblos de alrededor, así como asentó las bases del Imperio incaico.


C) POSTCLÁSICO

El paso del período clásico al postclásico se da en torno al siglo X d.C., aunque se trata de un período todavía poco estudiado y desconocido por lo que hasta el siglo XIV no tenemos información más completa.

• Chimú (1350 d.C. - 1475 d.C.)

La capital de la cultura chimú es Chan Chan, una de las ciudades más grandes de toda la América precolombina. Es heredera de la cultura mochica y Huari, y ésta, a su vez había recogido la influencia de Tiahuanaco. Está situada en los valles costeros septentrionales de Perú, próxima a la actual ciudad de Trujillo. Ocupa un espacio de unos 20 kilómetros y es ejemplo de una perfecta planificación urbana. Llegó a albergar hasta 200.000 habitantes.

Chan Chan tiene un trazado rectangular, distribuido en barrios que se comunicaban por calles y calzadas y en los que se distribuían palacios y murallas.

Se trata de una sociedad con una fuerte estratificación, con un rey a la cabeza que tenía gran prestigio religioso. De nuevo podemos hablar de una sociedad teocrática.

Destaca la elevada especialización artesana: tejidos, orfebrería y cerámica con una gran simplificación decorativa, geométrica y esquematizada.

La cultura Chimú fue contemporánea de los incas y duró hasta su incorporación al Imperio Inca en 1475.

• Incas (principios siglo XV – 1º cuarto del siglo XVI)


5.- LA CIVILIZACIÓN AZTECA

Cronología: XIII-XV d.C.

El imperio azteca nace de la Triple Alianza entre los reinos de México-Tenochtitlán, Tetzcoco y Tlacopán, que ocupaban la mayor parte del valle de México, además de otros territorios. Cada reino estaba dirigido por un gran rey, que se instalaba en la capital, de donde dependían varias ciudades menores con sus reyes propios. Existían por tanto, tres reyes principales, que celebraban juntas cuatro veces al año. Es decir, no existía un gobierno central. Además, los tres grandes reyes estaban relacionados entre sí por alianzas matrimoniales.

La sociedad

La cultura azteca la englobamos dentro de las grandes civilizaciones americanas. Consideramos como civilización un grupo social estratificado, donde cada clase social está perfectamente identificada y diferenciada. En este caso, la sociedad azteca se dividía de la siguiente manera: una élite formada por el rey y los nobles o pilli (a su vez, existían rangos dentro de la nobleza) y gente común o macehualli. En la parte inferior de la organización social se encontraban los esclavos.

El rey ostenta la autoridad suprema, desde el punto de vista administrativo, militar y religioso. Era noble de nacimiento, descendiente de reyes anteriores, gobernaba por vida y tenía carácter divino.

Los plebeyos se dedicaban al cultivo y a la producción de bienes materiales y debían pagar tributos. Pero cuando un macehual alcanzaba la edad de 52 años (duración de un ciclo calendárico) quedaba exento de pagar tributos y pasaba a formar parte del grupo de los ancianos que ocupaban un lugar destacado dentro de la organización de su barrio. Dentro de este grupo también existe una diferenciación entre campesinos, artesanos, comerciantes y funcionarios inferiores de gobierno.

 A pesar de esta estratificación social tan marcada, existía movilidad y un plebeyo podía acceder a la clase noble por medio de méritos de guerra.

Entre las clases superiores, el matrimonio era organizado por las padres para establecer alianzas con otras familias u otros pueblos. Se practicaba la poliginia, por lo que se podían establecer varias alianzas matrimoniales. Se permitía el matrimonio entre parientes, excepto en el caso de padres, hijos y hermanos. Los miembros de cada clase social se casan entre ellos y parece que fue poco frecuente el matrimonio entre miembros de distintas clases.

 El urbanismo

Los aztecas alcanzaron un elevado grado de urbanismo. Las ciudades eran centros ceremoniales y políticos, pero también lugares de intercambio comercial, centros artesanales y a su alrededor se situaban las zonas habitacionales. La ciudad de México era la más poblada. Parece ser que alcanzó los 200.000 habitantes. En los centros urbanos se localizaba la clase dominante, mientras que en los alrededores se situaba el resto de la población que abastecía de productos agrícolas a la ciudad. Las ciudades estaban divididas en barrios o calpulli, que tenían su propia organización, sus dioses tutelares y sus templos.
La organización política

Existían tres reyes, como hemos visto, de los que dependían otros reyes de menor importancia. Cada rey principal estaba a la cabeza de dos consejos: uno estaba formado por reyes y príncipes y se encargaba de tratar los crímenes de los señores; el otro estaba formado por jueces que pertenecían al rango noble y atendían los asuntos de los plebeyos. Los delitos se castigaban normalmente con la muerte o con la esclavitud.

Los aztecas eran un pueblo guerrero que vivían en permanente estado de guerra con pueblos vecinos, o pueblos ya subyugados que se rebelaban contra el poder militar azteca y la obligación de pagar tributos. El aspecto militar era tan importante que ya hemos visto que es, prácticamente, la única forma de ascender en la escala social y a los hombres se les entrenaba desde muy jóvenes para la guerra en escuelas especiales. La importancia militar se debe a que era la forma de asegurar el pago de los tributos, necesario para el mantenimiento del Imperio. El aspecto militar y religioso estaba íntimamente relacionado, ya que se consideraba que el sacrificio humano era condición indispensable para la conservación del mundo. De esta forma, se legitima el poder de la clase gobernante ante la clase común, dando al pueblo una misión religiosa, y de ahí la importancia de la captura de prisioneros para ofrecerlos en los sacrificios a los dioses.


La economía

La economía está organizada por la clase gobernante. El principal medio de producción es la tierra. Existían diversas categorías de terrenos y a cada rango social le corresponde un terreno determinado. La tierra familiar se heredaba. El trabajo agrícola está asignado al hombre y, en cambio, la mujer se ocupa de la familia, la cocina y la producción de tejidos. De todas formas, en los centros urbanos existían artesanos especializados en la producción de objetos de lujo, orfebrería, tejidos, talla de madera, pintores, escribas... Incluso, los artesanos se agrupaban en barrios propios. Los tributos que se debían pagar a los reyes se acumulaban en los almacenes reales. Los mercados también son un aspecto importante de la organización económica. Debían celebrarse obligatoriamente en las plazas de las ciudades y, aunque la forma principal de intercambio es el trueque, también existe la moneda que eran semillas de cacao.

La religión

La religión de los aztecas es politeísta y los dioses son representaciones antropomórficas de elementos de la naturaleza. El mito de la creación habla de una pareja como punto de partida que residía en la parte superior del cielo. Esta pareja tuvo cuatro hijos que fueron los que crearon el mundo y el resto de los dioses. Crearon trece cielos y nueve inframundos (infierno). Entre ambos niveles se encuentra la tierra. Sin embargo, existen varios mitos de la creación. Otro nos habla de una civilización azteca anterior que fue destruida por un diluvio, del que se salvaron unos pocos habitantes gracias a una canoa. En otro mito, el dios Quetzalcoatl descendió al infierno a buscar unos huesos humanos con los que creó de nuevo al hombre.

Los diversos dioses aztecas se sitúan en cada uno de los niveles del cielo y del inframundo. Por ejemplo, en el primer nivel del cielo, el que está inmediatamente por encima de la capa terrestre, se encuentra Tláloc, el dios de la lluvia y su mujer, Chalchiutlicue. Este nivel se caracteriza por ser como un jardín, con flores y agua abundante. Es también el nivel de la luna y otros dioses menores del agua. Otros dioses de la lluvia vivirían en lo alto de las montañas. Éstas tienen un carácter sagrado, ya que ponen en contacto los tres planos: el inframundo, la tierra y el cielo. Las pirámides son las representaciones cónicas de las montañas, de ahí su carácter sagrado. Otros dioses habitaban en los cerros y en los bosques y otros en el inframundo.

Dependiendo de la forma en que morían los hombres, recibían una forma distinta de enterramiento e irían a un mundo u otro. Por ejemplo, los que morían ahogados o a causa de un rayo o de ciertas enfermedades iban al mundo de Tláloc y eran enterrados con atavíos típicos de los dioses de la lluvia. Quienes morían de vejez o enfermedades comunes iban al inframundo. Para llegar allí, una vez muertos, emprendían un largo viaje para el que necesitaban un perro que les guiara. Por este motivo, a su muerte, se sacrificaba a un perro que era enterrado junto al muerto. Además, debían atravesar una zona muy fría por lo que se les enterraba con ropa de abrigo, alimentos y otros objetos que pudieran necesitar en su largo viaje. En el caso de los señores, a su muerte, sus esclavos eran sacrificados para que pudieran servir a su señor en el otro mundo.

La importancia de los sacrificios humanos entre los aztecas se debe a que ellos creían que todas las noches el sol, al ponerse, emprendía un viaje lleno de dificultades por el inframundo, que sólo llegaría a buen término si el sol tenía la energía suficiente. Y el alimento para obtener esta energía era la sangre. Por eso, con los sacrificios humanos, el sol obtenía el alimento que le daba la fuerza para superar su viaje cada noche y volver a levantarse sobre el cielo a la mañana siguiente. Como nuestro mundo no existiría sin el sol, de aquí que se consideraran como el pueblo salvador para el resto de la humanidad y asumieran la misión de alimentar al sol con la energía vital procedente de la sangre humana. Gracias a sus ritos, el mundo seguía existiendo. Tenían el convencimiento de que para evitar el cataclismo final era necesario fortalecer al sol. Además, de este modo, quedaba justificado su militarismo. Normalmente, las víctimas eran guerreros prisioneros de guerra pero, en algunas ocasiones, dependiendo de los ritos, también se sacrificaban niños y doncellas.

La víctima era sacrificada en lo alto de la pirámide, generalmente, donde había un altar y el sacerdote o el gobernante oficiaban el ritual. Existía, por tanto, una clase sacerdotal especializada. Antes de iniciar la ceremonia, el oficiante debía seguir unos ritos de purificación como ayuno, abstinencia sexual, consumo de alucinógenos... La forma de matar a la víctima era, normalmente, arrancándole el corazón con un cuchillo de obsidiana. Existía la creencia de que la víctima pasaba a formar parte del dios al que se le ofrecía el sacrificio, puesto que a través de ella la divinidad obtenía la energía vital. Por eso, en muchas ocasiones, al sacrificio seguía el canibalismo ritual, es decir, se probaba la carne de la víctima para participar de la divinidad. Generalmente, el sacrificio era un acontecimiento social en el que participaban todos los grupos sociales e iba acompañado de música, danzas y procesiones.

Sin embargo, los sacrificios no eran sólo humanos. También existían ofrendas de alimentos, de flores, de caza, de ropa, etc.

El calendario

Otro aspecto que hay que destacar es el calendario. El año tenía 18 meses de 20 días cada uno, más cinco días adicionales al final del año que daban lugar a un año solar de 365 días. El calendario regulaba todas las actividades, especialmente las relacionadas con las cosechas.

El arte

El arte azteca se caracteriza por su arquitectura pesada, destacando la pirámide de Tenayuca, una de las más antiguas. La escultura es normalmente de jade o piedra y desarrollan también una escultura monumental, al estilo de la olmeca.
Desgraciadamente, apenas quedan restos de la capital Tenochtitlán, que fue destruida por sucesivos terremotos y que actualmente está sepultada bajo la ciudad de México.


6.- LA CIVILIZACIÓN MAYA

El territorio maya se extiende unos 325.000 kilómetros cuadrados por Yucatán, sur de México, Guatemala, Belice, Honduras y el Salvador.

Cronología:

PRECLÁSICO: 2000 a.C. – 300 a.C.
PROTOCLÁSICO: 300 a.C. – 200 d.C.
CLÁSICO: 200 – 900 d.C.
POSTCLÁSICO: 900 – 1500 d.C.

La época de esplendor maya se sitúa en el período clásico, a pesar de que en torno al siglo VI d.C. muchos centros entraron en decadencia. Es lo que se ha denominado  «hiato», aunque no afectó a toda el área maya y muchas otras ciudades siguieron manteniendo su hegemonía. El paso del clásico al postclásico, en torno a los siglos IX y X, está marcado por el colapso de las Tierras Bajas centrales, cuyas ciudades son abandonadas. Se trata de un lento proceso que lleva a la disolución de los gobiernos centrales. Comienza, entonces, el llamado período postclásico en el que otras ciudades, como Chichén Itzá o Mayapán en Yucatán, toman el relevo. Se estableció una alianza entre ambas ciudades y una tercera, Uxmal, creando así la «Liga de Mayapán» que se disolvió hacia 1450, de manera que hasta la llegada de los conquistadores españoles, las tierras mayas estuvieron fragmentadas en señoríos independientes.

Vamos a ver algunas de las características de la civilización maya, una de las más importantes y extensa en el tiempo de las que produjo América.

El territorio maya queda tradicionalmente dividido en dos zonas: las Tierras Altas y las Tierras Bajas (Península de Yucatán). En las Tierras Altas hay montañas de origen volcánico, bosques de pinos, son frías y secas y es aquí donde se encuentran ciertos recursos, como la obsidiana y el jade, que por medio del comercio se hacían llegar a las otras zonas mayas. Por el contrario, las Tierras Bajas mayas se caracterizan por su tierra de arcilla porosa, son calurosas y húmedas, aunque hacia el norte la cantidad de lluvias va disminuyendo y apenas hay ríos. El agua, entonces, se encuentra en corrientes subterráneas y en los cenotes (pequeñas lagunas de carácter sagrado) y en los chultúns (cisternas). Hay que tener en cuenta que estas diferencias en el medio ambiente que se dan en la extensa área maya, condicionarán también la forma de vida y crearán algunas diferencias entre unas ciudades y otras, aunque las características fundamentales se mantienen creando una unidad cultural.

El urbanismo

Las ciudades mayas se caracterizan por una gran plaza central en la que se situaban las pirámides, templos, juegos de pelota, altares, estelas y las residencias de los gobernantes y las clases altas. La gente común vivía fuera del recinto sagrado de la ciudad. Es decir, la ciudad cumplía una función religiosa y administrativa más que habitacional. El imperio maya estuvo formado por varias ciudades-estado independientes unas de otras, desde el punto de vista político. Algunas de estas ciudades-estado más importantes fueron: Tikal, Uxmal, Chichén Itzá, Labná, Kabah, Palenque, Yaxchilán y Copán entre otras.
La organización social

La ciudad era, por tanto, un fiel reflejo de la clara estratificación social, que se dividía así:

- Gobernantes (ahau): el linaje real es hereditario y los ahau tienen un carácter semidivino. El gobernante era el jefe político y religioso de la ciudad.
- Sacerdotes y nobles
- Estrato intermedio (artesanos, administrativos, comerciantes)
- Campesinos
- Esclavos

Este sistema social se caracteriza por la escasa movilidad. Es decir, era muy difícil pasar de un estrato a otro. Se pertenece a una clase social por nacimiento.

El sistema de escritura

La escritura maya es superior a la de cualquier cultura mesoamericana pero no ha podido ser descifrada en su totalidad, motivo por el que nos faltan tantos datos. Por ejemplo, en un principio, autores de la talla de Morley o Thompson, consideraban que los mayas eran pacíficas teocracias. Sin embargo, la interpretación que se ha podido realizar hasta el momento de este elaborado sistema de glifos ha aportado mucha información y así se ha sabido posteriormente que la civilización maya estaba formada por ciudades-estado agresivas y rivales entre sí, y nunca ninguna de ellas llegó a dominar completamente a las otras. La imagen idílica y pacífica que existía en un principio de la sociedad maya fue desapareciendo a medida que se iban descifrando más glifos y que iban apareciendo bajorrelieves con representaciones de sacrificios humanos. Se conservan sólo tres manuscritos de la época postclásica, los Códices, (ya que los libros mayas fueron destruidos en un auto de fe), aparte de la escritura que se encuentra en los relieves. Los códices se conocen con el nombre de la ciudad donde se conservan en la actualidad: Códices de Dresde, París y Madrid. Existe un cuarto, el Códice Grolier, del que todavía no está completamente demostrada su autenticidad.
Estos manuscritos están hechos de corteza de árbol tratada con diferentes resinas y doblados en forma de acordeón. Tratan de temas de astronomía, adivinaciones y profecías, es decir, poseen un carácter ritual.

Se conservan también una serie de libros, Los libros de Chilam Balam (Los libros de los adivinos de cosas ocultas), que son ya de la época española (siglos XVII y XVIII) y están escritos por los mayas, en lengua maya pero con caracteres latinos. Otro libro muy importante es El Popol Vuh, escrito en el siglo XVI en lengua maya quiché y también con caracteres latinos.

A través de éstos, también hemos recibido información de los mayas, además de la obtenida a través de los códices, la tradición oral, los cronistas, el arte y las inscripciones jeroglífica.

 El calendario

El calendario es también un aspecto fundamental en los mayas. Se trata de un sistema muy complicado y exacto, con un elevado dominio matemático, cuyo conocimiento sólo estaba al alcance de la élite, basado en dos ciclos:




- el año solar de 365 días (tun), dividido en 18 meses de 20 días, más 5 días que se añadían al final del año para sumar los 365 días justos. A partir de un punto inicial en el pasado, la llamada «cuenta larga» contaba períodos de 20 y de 400 tun.

20 tuns (años): 1 katún

20 katún: 1 baktún

- tzolkin: combinación de 20 días con sus nombres y de 13 números que dan 260 días.

El sistema numérico es vigesimal y se basa en una combinación de puntos para indicar la unidad y barras con valor numérico de cinco.

El tiempo es cíclico y recurrente, por lo que todo lo que ha pasado volverá a suceder en un futuro.

La tecnología

Tecnológicamente, los mayas se encontraban en la edad de piedra (no utilizan la rueda, ni metales, las herramientas son de pedernal tallado) pero llegaron a adquirir altísimos niveles de arquitectura, medicina, matemáticas, astronomía, botánica y escritura. Esto demuestra el elevado nivel intelectual de la sociedad maya. Los sacerdotes fueron los descubridores de estas ciencias. Quizá el escaso desarrollo tecnológico se deba a la falta de interés por este aspecto.

El arte

El arte maya se caracteriza por la arquitectura de grandes dimensiones: pirámides, estelas, altares, bajorrelieves, juegos de pelota. Muchos de los monumentos se sitúan sobre un podio al que se accede por escalones. La arquitectura es adintelada y emplean la falsa bóveda. La piedra de los monumentos era cubierta de estuco y decorada con pintura, que se ha perdido con el paso del tiempo y sólo ha permanecido la estructura de piedra. En cuanto a la pintura destacan sobre todo los frescos de Bonampak, que datan de los siglos IV y V d. C., donde contemplamos una pintura llena de cromatismo en la aparecen plasmados ciertos aspectos de la vida maya y personajes como sacerdotes, bailarines, nobles, mujeres y víctimas preparadas para el sacrificio humano. El hallazgo de estas pinturas murales fue decisivo, ya que a partir de este momento los mayistas comienzan a cuestionarse una serie de características (como el carácter pacífico de la sociedad maya) que se habían tenido como seguras hasta entonces.

La cerámica es abundante, siendo básicamente funeraria en cuanto a su contenido iconográfico y su función.

El artista maya no tiene nada que ver con la creatividad y originalidad de un artista actual.

Tenían poco control sobre la obra que realizaban. La creatividad individual sólo es patente en innovaciones de estilo y en el refinamiento de la ejecución. Los colores empleados son planos y brillantes. La ilusión espacial está limitada en un arte bidimensional, aunque existen algunos recursos como las líneas del suelo pero en ejes horizontales. El arte maya se entiende no como el retrato de personas, sino como el retrato del ritual.

La religión

El aspecto más importante de la cultura maya es su ideología: su sistema de creencias religiosas y sus ritos. Hemos visto que se trata de una sociedad teocrática, por tanto, a través de la religión se intenta justificar el orden social. El conjunto de ritos e ideas está encaminado a la conservación del orden político. Es decir, se identifica el orden en el universo con el orden social. Un aspecto característico de la ideología maya es la dualidad, las dos caras de la misma moneda: cielo-inframundo, orden-caos, positivo-negativo, norte-sur, este-oeste, etc.

La élite maya empleó la religión como mecanismo para obtener la integración social y política de unas comunidades a las que las características del medio ambiente invitaban a la dispersión. Cuando la religión maya adquirió multitud de rituales externos, se utilizó para legitimar la desigualdad social y el linaje real.

El gobernante es un ser semidivino, relacionado con los dioses. De esta forma queda justificada la diferenciación social. Aunque éste ejerce las funciones de supremo líder religioso, la figura del sacerdote es muy importante en una sociedad que gira en torno a la religión y los dioses. Existían especialistas en sacrificios, otros en la escritura, otros en adivinación, en curaciones… A través del arte sabemos que iban vestidos de forma especial, con el cabello enmarañado con la sangre seca de los sacrificios.

El panteón maya es, como en toda Mesoamérica, muy amplio y variado. Los dioses primeros, los creadores, son Ixppiyacoc e Ixmucané, conocidos como el abuelo y la abuela. Este desdoblamiento sexual se halla presente en muchos otros dioses del panteón: es el permanente dualismo. Itsamná es el dios de los dos cielos: el diurno y el nocturno. Kinich Ahau es el dios del sol. Ix Chel es la diosa de la luna, de la tierra, de la procreación y es la esposa de Kinich Ahau. Vucub Caquix es el máximo señor del inframundo, de Xibalbá. Ah Mun es el dios del maíz y la abundancia agrícola y Chac, el dios de la lluvia. Estos son sólo algunos ejemplos más importantes de los dioses mayas, representados con rasgos antropomorfos y zoomorfos.

Algunos dioses viven en el cielo, otros en el inframundo y los hombres en un plano intermedio que es la tierra. Ésta separa ambos mundos que se comunican a través de las montañas (de aquí la simbología religiosa de las pirámides), las cuevas y los árboles, sobre todo la ceiba, el árbol sagrado. El inframundo es lo opuesto al cielo, la otra cara de la moneda. De la unión entre el cielo y la tierra había nacido el sol (y la luna, que es lo mismo: sería el sol nocturno). El sol es el origen del orden cósmico, del equilibrio de la naturaleza, de los alimentos… en suma, de la vida.

El ceremonial

La religión maya se manifiesta a través de los ritos, que son muy variados. Por medio del rito el hombre se pone en contacto con el dios, establece un diálogo que puede servir como acción de gracias, para pedir favores o para rememorar algún mito.

Podemos establecer la siguiente clasificación:

Ritos de purificación: Antes de comenzar un ritual, los participantes y sacerdotes deben seguir unas rígidas normas de purificación (ayunos, baños, abstinencia sexual, ingestión de alucinógenos, aislamiento…) para hacerse dignos del acercamiento a las divinidades.

Ritos de paso: este tipo de rito marca las etapas del ciclo vital (nacimiento, pubertad, reproducción y muerte). Participan sacerdotes y otras personas que se someten en primer lugar a una serie de actos de purificación. El cronista Diego de Landa recogió varios de estos ritos. Por ejemplo, existe un rito de pubertad por el que pasaban los jóvenes mayas en torno a los doce años. Después de haber participado en este rito, se consideraba que dejaban de ser niños y ya estaban en edad de contraer matrimonio. Para este ritual, los niños se ponían unos pañuelos blancos en la cabeza y el sacerdote les rociaba con agua ritual, mientras sus ayudantes expulsaban humo de sus pipas y consumían cacao. En este rito, por ejemplo, vemos cómo son utilizadas una serie de elementos simbólicos comunes a varios ritos: el tabaco, el cacao y el agua.

- Ritos de sangre: la sangre es el elemento vital por excelencia, de aquí la importancia de estos ritos que pretenden regenerar la energía de los dioses por medio de la sangre, su alimento principal. Podemos distinguir los ritos de autosacrificio y los sacrificios humanos.

a) Autosacrificio: con la automortificación se consigue dominar los sentidos y se favorece el trance que facilita la comunicación con los dioses. Este tipo de ritual de sangre sólo lo practicaban los gobernantes, sacerdotes y nobles, tanto hombres como mujeres, ya que era un símbolo externo de los vínculos que tenía la élite con el poder sobrenatural y, por tanto, formaba parte de la legitimación del orden social. Los elementos que se utilizan en estos ritos son cuchillos de pedernal y obsidiana con los que se perforaban piernas, brazos, orejas, lengua, pene y nariz. En los dinteles de Yaxchilán tenemos claros ejemplos de cómo se llevaban a cabo estos autosacrificios. En ocasiones, incluso se pasaba una soga con pinchos a través de la parte perforada. La sangre se recogía en un recipiente especial para ofrendas. La profusión de sangre es muy importante, ya que se trata del elemento vital. Los mayas identificaban el linaje con la sangre y era la obligación de estos reyes y reinas ofrecer su propia sangre a los dioses, así como la de los cautivos.

b) Sacrificios humanos: los primeros estudiosos de la cultura maya pensaban que se encontraban ante un pueblo pacífico. Más tarde, los descubrimientos arqueológicos –destacan las pinturas murales de Bonampak en cuanto a este tipo de información- demostraron que estábamos ante un pueblo guerrero que efectuaba sacrificios humanos, aunque nunca llegaron al nivel de los aztecas que efectuaban sacrificios a gran escala con cantidad de prisioneros de guerra. Los sacrificios humanos mayas suelen ser individuales o de pequeños grupos de víctimas. Éstas eran generalmente prisioneros de guerra y en ocasiones niños. Con la sangre se alimenta a los dioses y con el corazón se les transmite energía y vida. Se trata de un acto necesario para el mantenimiento del orden cósmico.
Hay varias formas de sacrificar a la víctima, aunque casi siempre concluye con la extracción del corazón: flechamiento, decapitación, cardiotomía o se arrojaba a la víctima por las escaleras de la pirámide, entre otras formas. Los sacrificios humanos se celebraban en lo alto del templo o de la pirámide, a la vista de todo el pueblo. La víctima se echaba boca arriba sobre el altar, donde se le extraía el corazón con objetos rituales como cuchillos de obsidiana o pedernal, y se depositaba en platos y cuencos especiales. En ocasiones, ya en el postclásico por influencia azteca, se practicaba el canibalismo ritual, debido a la creencia de que la víctima pasaba a formar parte de la divinidad.
El sacrificio humano experimenta una evolución y una serie de ligeros cambios entre el período clásico y el postclásico. Hemos visto cómo durante el período clásico el papel del sacrificio es el de la legitimación y reafirmación del poder político de un gobernante maya específico. En cambio, a partir del clásico tardío y hasta el año 1400 d.C. se produce un cambio gradual en el papel del sacrificio, pues ya no está centrado en la legitimación de un soberano individual, sino que ahora legitima estados y la política en su conjunto. La rivalidad ya no se da sólo entre gobernantes individuales, sino entre estados y alianzas. Por eso, el sacrificio humano se despersonaliza y adquiere una magnitud mayor, pasando de la víctima individual al sacrificio colectivo. Se trata de una clara influencia azteca.

A finales del siglo XIV, la política de México central se había convertido en un perpetuo campo de batalla de la política nahua (azteca). En las primeras décadas del siglo XV, los mexicas o aztecas desarrollaron una estrategia competitiva, que no sólo aseguraba su supervivencia sino que les llevó a la hegemonía en Mesoamérica: por medio de la modificación de la ideología religiosa tradicional, sobre todo en cuanto al sacrificio humano. Centran su culto en estos factores: sol-guerra-sacrificio. Convencidos de que para evitar el cataclismo final era necesario fortalecer al sol, asumieron la misión de hacerlo con la energía vital procedente de la sangre humana. Asimismo, de este modo, justificaban su militarismo.

No podemos acabar este apartado dedicado a los ritos sin hablar del juego de pelota. Ya hemos visto que es uno de los elementos comunes a las culturas mesoamericanas y cómo en El Tajín se convirtió en el ritual central. Entre los mayas es igualmente importante y prueba de ello son la cantidad de juegos de pelota que se han encontrado en todos los centros mayas. El origen se remonta probablemente a la época olmeca en el sur del área del Golfo de México y desde allí se fue extendiendo a toda el área mesoamericana. Cuando un jugador moría era enterrado con los elementos del juego (palmas, hachas, yugos, etc.) para que los usaran en la otra vida. La muerte ritual en el juego de pelota es por decapitación. Según L. Schele y Miller2, parece ser que los cautivos eran forzados a jugar un juego que terminaba inevitablemente con la decapitación.

Los yugos se utilizaban como protectores de la cintura y estaban trabajados en muchas  ocasiones con representaciones del monstruo de la tierra, Tlaltecuhtli. Las palmas tienen relieves de escenas rituales.

El Popol Vuh

La historia de la creación y el origen de los mayas está recogida en un libro fundamental: El Popol Vuh, la «Biblia» maya. Se trata de un libro escrito en lengua maya pero con caracteres latinos. Fue escrito en Guatemala en el siglo XVI por un autor anónimo y debe de ser la recopilación de textos mayas que se fueron transmitiendo por medio de la tradición oral, de generación en generación. Durante siglo y medio permaneció olvidado en la biblioteca de la iglesia del pueblo de Santo Tomás de Chichicastenango, hasta que en el siglo XVIII, por mera casualidad, cayó en manos del párroco, el padre Ximénez, que lo tradujo del quiché al castellano.

Los mayas creían que su mundo era el cuarto de una serie de creaciones que habían sido destruidas por los mismos dioses al no cumplir los requisitos. Los hombres de esta última creación estaban hechos de maíz (la base de su alimentación). Los hombres anteriores eran de madera y habían sido destruidos por un diluvio. El Popol Vuh relata las aventuras de los hermanos Hunahpú e Ixbalanqué, que jugando al juego de pelota molestan con el ruido a los señores del inframundo y son retados por éstos a bajar al reino de Xibalbá donde, con engaños, les someterán a una serie de pruebas que lograrán superar. En este libro está recogida la cosmovisón maya, muchos de sus mitos y creencias. La narración está repleta de metáforas y simbología. Es, por tanto, una importantísima fuente de información.

 «Entonces Hunahpú e Ixbalanqué dijeron delante del viento que se detuvo para oírles:
- Nosotros somos los vengadores de la muerte. Nuestra estirpe no se extinguirá mientras haya luz en el lucero de la mañana.
Al acabar de decir esto, los hermanos recibieron el aliento de Hurakán y se elevaron sobre la faz de la tierra. Uno de ellos fue hacia el sol y otro hacia la luna. El espacio oscuro del cielo se llenó de resplandor. Enseguida los muchachos que murieron por causa de la maldad de Zipacná, convertidos en estrellas, subieron a hacerles compañía. Desde entonces lucen con luz inmortal».


7.- EL IMPERIO INCA

El Imperio Inca es el resultado de la evolución de las culturas andinas anteriores. Su desarrollo confluyó en la creación de un imperio único, pocos años antes de la llegada de los españoles. En cuanto a la cronología, podemos establecer como fechas de máximo esplendor el período que se desarrolla entre principios del siglo XV d.C. y el primer cuarto del siglo XVI. Sin embargo, la tradición sitúa la fundación de Cuzco en torno al 1200 d.C. La información que poseemos en la actualidad del Imperio Inca, también llamado Tahuantinsuyu, es la que nos ha llegado a través de la tradición oral y los cronistas españoles, que encontraron esta civilización en su momento de apogeo.

 Los orígenes

El mito de los orígenes de los incas nos habla de Viracocha como el dios creador de cuatro parejas originales, formadas por cuatro hombres y sus esposas-hermanas que vivían en las cuevas de Paccari-Tambo («casa originaria») y de allí salieron para emprender un viaje que duraría varios años hasta llegar al lugar donde Manco Capac, el primer emperador de los incas según la tradición, fundó el Cuzco en torno al año 1200 de nuestra era.

La relación tradicional de emperadores incas es como sigue:

1- Manco Capac
2- Sinchi Roca
3- Lloque Yupanqui
4- Mayta Capac
5- Capac Yupanqui
6- Inca Roca
7- Yahuar Huacac
8- Viracocha Inca
9- Pachacuti Inca Yupanqui (reinado: 1438-1471)
10- Topa Inca Yupanqui (reinado: 1471-1493)
11- Huayna Capac (reinado: 1493-1527)
12- Huáscar
13- Atahualpa

Los primeros incas se organizaban en diferentes unidades políticas dirigidas por un caudillo (sinchi) que estaban en permanente conflicto. Con el emperador Pachacuti ganaron varias batallas a los pueblos vecinos, destacando el sometimiento de los chancas, y así comenzó su expansión. Tupac Yupanqui conquista el reino del Gran Chimú, una civilización muy desarrollada que ya hemos analizado, y Nazca.

Con la muerte de Huayna Capac (1527) empieza una etapa de crisis, ocasionada por el enfrentamiento de sus dos hijos: Huáscar y Atahualpa. No está claro si fue el propio Huayna quien dividió el reino entre los dos antes de su muerte o si directamente se enfrentaron por la sucesión. El caso es que esta situación de debilidad coincidió con la llegada de Pizarro a Perú en 1532, situación que éste supo aprovechar. Huáscar había sido derrotado por su hermano y hecho prisionero y Atahualpa cayó en una emboscada preparada por Pizarro y fue, a su vez, hecho prisionero. De esta manera cae el gran Imperio Inca en manos de los españoles, cuando estaba en su máximo esplendor. Sin embargo, se sucedieron varias revueltas contra los invasores, destacando la última de importancia que fue liderada por Túpac Amaru en 1572, quien fue vencido y decapitado por los conquistadores españoles.

El sistema de comunicación

El Imperio Inca era de enormes proporciones pero consiguió mantener la unidad gracias, en gran parte, a la extensa red de caminos que recorría y comunicaba todo el territorio. A lo largo de los caminos y puentes había lugares de descanso para los viajeros y refugios para los correos (chasquis) situados cada dos o tres kilómetros, de modo que se iban relevando para transmitir los mensajes. Esta red de caminos alcanzaba una extensión de unos 30.000 kilómetros. Se trata de un sistema único en toda América que garantizaba una comunicación y transmisión veloz.

La familia

La poliginia está permitida sólo para los hombres pertenecientes a las clases altas, ya que era considerado un rasgo de prestigio. Existía sólo una esposa principal y las demás eran concubinas o esposas secundarias. El matrimonio formal se realizaba a través de una ceremonia civil en la que no intervenía ningún sacerdote. Es decir, el matrimonio entre los incas no revestía carácter religioso.

El incesto no estaba permitido, excepto en el caso del Inca (el emperador) que siempre realizaba el matrimonio principal con su hermana, lo que otorga un carácter sagrado a esta unión que la diferenciaba de las demás. Es, además, una demostración clara de que el Inca está por encima de las leyes humanas. El Inca, era el representante del sol, mientras que su esposa principal, la coya, lo era de la luna.

La unidad básica de organización social inca es el ayllu, de la que se han dado muchas definiciones. Para J. Alcina4 se trata de «una unidad de parentesco en la que los miembros se consideraban descendientes de un antepasado común». Se tendía a la endogamia, es decir, al matrimonio entre los miembros pertenecientes al mismo ayllu, pero nunca al incesto.

 La organización social

Existen dos estamentos: la nobleza y la gente común.

- La nobleza: a este grupo pertenecen el Inca y su familia, es decir, los miembros de los linajes reales o panacas. Dado el gran número de esposas del Inca, éste tenía muchos hijos y cada uno de ellos formaba una nueva panaca. También los señores locales o curacas pertenecen a este estamento. Los hijos de los nobles eran educados en una escuela especial en el Cuzco, donde se les preparaba durante cuatro años para desempeñar puestos en el gobierno del Imperio.

- La gente común: es el resto de la población. También forman ayllus endogámicos y estaban sujetos a la mita (trabajo) como forma de tributo al estado.

Existen, además, dos clases que no están bien definidas. Forman un grupo social aparte. Son los yanas y las acllas.

- Los yanas estaban al servicio de la nobleza. Se piensa que podían ser esclavos,  aunque, por otra parte, eran escogidos con cuidado porque realizaban trabajos especializados. El puesto de yana podía ser hereditario, pero sólo si el sucesor era apto para desempeñar la labor cualificada. Entre los yanas había labradores, artesanos, guardianes, etc.

- Las acllas eran «mujeres escogidas» por su belleza, elegidas por un funcionario que recorría el Imperio buscando niñas en torno a los diez años. Eran enviadas a unas residencias especiales en el Cuzco, donde pasaban cuatro años preparándose y formándose. Algunas eran destinadas a ser esposas del Inca y otras de los nobles. Otras podían ser ofrecidas en sacrificios y a otras se les destinaba a ser mamacunas, «vírgenes del sol», que vivían en conventos en castidad, dedicadas al servicio del dios Sol.

La organización política

El poder está centralizado en el Cuzco, la capital del Imperio, a cuya cabeza está el Inca o emperador. El Tahuantinsuyu está dividido en provincias, que son señoríos dirigidos por un curaca.

El Inca desciende directamente de la divinidad, el Sol, y, al igual que todos los miembros del linaje real, se adornaba con grandes orejeras de oro, que eran un símbolo de prestigio social. Los españoles les llamaron «orejones», tal y como aparece reflejado en las crónicas. Normalmente, el hijo mayor era el sucesor, aunque no siempre pues se podía designar como futuro Inca a otro familiar más apto. En cualquier caso, a la muerte del emperador solía haber luchas por la sucesión, como la que encontró Pizarro entre Huáscar y Atahualpa.

Las ceremonias que rodeaban el acto de coronación eran fastuosas. Se celebraban en la gran plaza central del Cuzco, a donde llegaban jefes y curacas de todas las provincias del Tahuantinsuyu. Antes de la ceremonia, el emperador debía permanecer en palacio durante diez días ayunando y en oración. En tal ocasión, se ofrecían sacrificios de llamas, coca y, a veces, de niños. También la muerte del Inca era momento de fastuosas celebraciones.

El Imperio estaba dividido en cuatro suyu, de hecho, la palabra Tahuantinsuyu significa «las cuatro partes». De igual modo, el Cuzco estaba dividido en cuatro partes, puesto que la ciudad era la representación del Imperio a escala reducida. Los gobernadores (apu) de las cuatro partes eran generalmente familiares del Inca, pero no eran puestos hereditarios. Cada suyu comprendía varias provincias (huaman), cada una de las cuales tenía su propia capital que se dividía, como el Cuzco, en dos mitades: la alta (hanan) y la baja (hurin). Las provincias estaban gobernadas por los curacas. La burocracia era numerosa dado el complicado sistema económico-administrativo. Los funcionarios eran miembros de la aristocracia.

Un principio efectivo de organización política y territorial consistía en el traslado de población de una parte a otra del Imperio. Es el sistema de los mitimaes. De este modo, en las provincias convivían pueblos distintos que carecían de cohesión política entre sí, por lo que se evitaban revueltas. Además, entre ellos se instalaban pobladores fieles que se encargaban de transmitir e implantar la cultura del Imperio.



El ejército

El militarismo desempeña un papel fundamental en la vida del Tahuantinsuyu, ya que la guerra era el medio principal de expansión territorial. Todos los hombres aptos para la guerra entre los 25 y 50 años pasaban a formar parte del ejército. La mayoría eran plebeyos.

El aprovisionamiento de los ejércitos era posible gracias a los depósitos de armas y avituallamiento (tambos) que se encontraban distribuidos a lo largo de toda la extensa red de caminos.

Organización económica

Se trata de un sistema de economía dirigida por el estado y totalmente integrado en la organización política. Hay que destacar el concepto de redistribución.

Los súbditos del Imperio realizaban las prestaciones en forma de trabajo y rara vez en forma de especies o tributos. Este trabajo es lo que recibe el nombre de mita. Es decir, la población debía participar en la construcción de obras públicas y en el trabajo de la tierra. El servicio en el ejército era otra prestación de la mita.

Existían tres tipos de tierras y rebaños:

- Las dedicadas al Sol: para el mantenimiento de la religión, templos y sacerdotes.
- Las del Inca: dedicadas a sostener el gobierno central y los funcionarios.
- Las de las comunidades o ayllus: para el propio sustento de los campesinos.

El trabajo de la tierra correspondía a los hombres, mientras que la producción textil, muy desarrollada, era competencia de las mujeres.

Otra actividad económica importante era el comercio, que se desarrollaba en los mercados, donde la forma de intercambio era el trueque.

Los quipus eran unas pequeñas cuerdas de las que colgaban cordones, unos paralelos a los otros, y por medio de una combinación de nudos y colores se empleaban para cálculos numéricos y matemáticos, necesarios para el control estadístico de la población, de las tierras, recursos económicos, etc. Parece que había otro tipo de quipu que habría tenido un valor literario, para registrar sucesos históricos, poemas o ritos. Su confección y lectura estaba en manos de los quipocamayocs.

El cronista Cristóbal de Molina, el Almagrista5, habla de los quipus, cuando se refiere al origen del Cuzco:

«Su principio y su origen no se pueden saber, ni su fundación porque los naturales de ella carecen de letras, aunque tienen una manera de contaduría por los cordeles y nudos»

La religión

Viracocha es el dios creador del mundo y residía en el cielo. Según la tradición, creó cuatro mundos que destruyó sucesivamente porque las criaturas no cumplieron sus preceptos. Una de las destrucciones se debe a un diluvio. Podemos ver que este mito de los orígenes es muy similar al mito maya. Existen mitos universales que se repiten en culturas muy diferentes y separadas en el tiempo y en el espacio. Por ejemplo, la tradición cristiana también nos habla en el libro del Génesis de una destrucción del mundo a través de un diluvio universal.

Existen varias versiones del mito inca de la creación. Al salir las cuatro parejas originales de las cuevas de Paccari Tambo, regeneraron a la humanidad, dando lugar al mundo actual.

La religión inca es politeísta. En la cima del panteón se sitúa Viracocha, seguido por Inti, el Sol, que se identifica con el Inca. De ahí que el culto al sol fuera el culto oficial. Otros dioses importantes son Illapa (el dios de la lluvia y del rayo), Mama Quilla (la luna) asociada a la coya. La Pachamama es la madre tierra, muy venerada y respetada por los campesinos, mientras que la Mamacocha (Madre Mar) lo era por los habitantes de la costa.

Como característica importante de la religión hay que nombrar a las huacas. Con este término se designaba a una serie de objetos sagrados. Existía una gran variedad de huacas, aunque no se sabe con certeza qué es lo que determinaba que un objeto concreto adquiriera este carácter sagrado. Una huaca podía ser cualquier cosa: rocas, personas, templos, montañas, ríos, etc. Podían ser maléficas o benéficas y recibían ofrendas del pueblo. Otras huacas, de tamaño reducido, eran usadas como amuletos.

Los incas creían en una vida después de la muerte. Los muertos iban al cielo o al infierno. El cielo estaba arriba, allí todo eran placeres e iban los buenos a vivir con Viracocha. En cambio, los malvados iban al infierno, que estaba bajo tierra, y allí padecían hambre y sed. Observamos aquí la existencia de otro mito universal: el cielo y el infierno, la dualidad eterna, tan presente en la mayoría de los sistemas de creencias.

Los espíritus están por todas partes y poblaban el mundo de las creencias de los campesinos que realizaban ofrendas, oraciones y antes de iniciar a trabajar las tierras realizaban ritos para obtener cosechas favorables y apartar a los malos espíritus.

Los incas desarrollaron las técnicas de momificación. Cuando el Inca moría se sacaban en procesión las momias de los emperadores anteriores del Coricancha, el edificio donde se conservaban.

En una sociedad teocrática el sacerdote desempeña un importante papel. Dentro de la clase sacerdotal existía una jerarquía con un Sumo Sacerdote a la cabeza. Había especialistas que se dedicaban a la adivinación, empleando diversos procedimientos: por medio del fuego, según el movimiento de las llamas; o leían las vísceras de algún animal, normalmente, una llama.

Existían además monjes que vivían en castidad en residencias especiales y las mamacunas que eran las vírgenes dedicadas al culto del Sol, que provenían de las acllas, las «mujeres escogidas».

El ceremonial de la iglesia oficial se celebraba en las grandes plazas de las ciudades para que todo el pueblo participara. Era un instrumento de identificación e integración cultural y política para los distintos pueblos que formaban el Imperio. Como rituales importantes destacan los de coronación y muerte del Inca, que ya hemos mencionado, además de otros relacionados con el sol, el bienestar del Imperio, la iniciación de los jóvenes incas y la agricultura, que se regían por el calendario que estaba compuesto por doce meses, sumando 365 días. Los ritos iban precedidos de actos de purificación y sacrificios personales (ayuno, abstinencia sexual y abstinencia de ciertos alimentos) y acompañados de danzas, canciones, oraciones, sacrificios y consumo de chicha, una bebida compuesta de maíz fermentado.

Las víctimas de los sacrificios eran, normalmente, llamas y otros animales. Parece ser que los sacrificios humanos sólo se realizaban en ocasiones muy especiales como enfermedad del emperador o derrotas militares. En estos casos, se solía escoger como víctimas a niños y vírgenes, como símbolo de pureza y lo más digno de ofrecer a las divinidades.

El urbanismo

Los incas no eran gente urbana en general. El Cuzco cumplía las funciones de centro administrativo y ceremonial, con sólo una población permanente relativamente pequeña. La mayoría vivía en pueblos dispersos en los valles circundantes. En sus conquistas, el Inca instituía programas regionales de reasentamiento, los mitimaes ya mencionados, que seguían el modelo del Cuzco con un centro político-religioso y pueblos dispersos alrededor.

La población de la ciudad cuando llegaron los españoles sería de unos 150.000 a 200.000 habitantes. El cronista Cristóbal de Molina relata:

«Sería pueblo de más de 40.000 vecinos solamente lo que tomaba la ciudad; que arrabales y comarcas en derredor del Cuzco, a diez o doce leguas, creo yo que habría 200.000 indios, porque esto era lo más poblado de estos reinos».

Las cuatro grandes regiones del Tahuantinsuyu surgieron de la proyección hacia los dominios que paulatinamente se integraron en él, de la estructura cuatripartita del Cuzco, que fue no sólo la base de la división del Imperio, sino el modelo de todos y cada uno de los asentamientos humanos y sus demarcaciones territoriales.

El nombre de Cuzco para Garcilaso significó «ombligo del mundo», pero fue traducido por Sarmiento de Gamboa como un término que se ajusta más al simbolismo de la ciudad: «mojónde piedra», señal y punto de referencia para todas las tierras y las gentes que desde aquí se dominaron.

Su fundación, llevada a cabo por el legendario primer Inca, Manco Capac, data del 1200 d.C. Era el lugar en el que hundió su bastón de oro en la tierra. Cuzco se encuentra en la cuenca de un valle situado a 3.350 metros de altura. El cronista Cieza de León la describe sí:

«Era grande y majestuosa y debe haber sido fundada por gente capaz e inteligente. Tiene muy buenas calles, aunque angostas, y las casas están construidas de macizas piedras, bellamente unidas. Era la ciudad más rica de las Indias, por el gran cúmulo de riquezas que llegaban a ella con frecuencia, para incrementar la grandeza de los nobles».

Como ciudad, llegó a su consolidación cuando fue reconstruida después del año 1400 y su trazo mostraba una eficaz planificación urbana. En esa época se canalizaron los ríos que entraban por el norte. Las calles convergían a las dos plazas centrales. Las casas comunes eran de un piso, pero las de los nobles de dos o tres. Tenía sistema de canalización del agua.

Pedro Pizarro dice que «avía piedras (…) tan grandes y tan gruesas, que parecía cosa ymposible habellas puesto manos (…) tan juntas unas con otras y tan bien encaxadas que una punta de alfiler no se podía meter por las junturas».

Partiendo de la plaza principal, denominada Huaycapata («plaza de la alegría»), se extendían los doce barrios de la ciudad, distribuidos en cuatro secciones que simbolizaban las cuatro direcciones del mundo que daban al Imperio su nombre:  Tahuantinsuyu.

El Cuzco era un microcosmos del Imperio. En su recinto vivía gente que procedía de muchas partes distintas, todos ataviados con su indumentaria tradicional. El primer español que vio el Cuzco declaró «haber visto un edificio cuadrangular (…) que medía 350 pasos de esquina a esquina, enteramente recubierto de oro»8. Ciertamente, existía suficiente metal como para estimular la fantasía de los conquistadores. El edificio más fabuloso era el Coricancha («recinto de oro»), contiguo al Templo del Sol. Parece ser que muchos de los edificios estaban recubiertos de oro. El cronista Pedro Pizarro habla de las riquezas que encontraron en Perú. Entre los relatos de los participantes y testigos de los sucesos de la conquista, el de éste cronista destaca por el sesgo ingenuo y anecdótico de su narrativa. Algunas veces le asalta la duda y confiesa sus incertidumbres: «no estoy seguro bien en qué provincia de éstas digo que era».

«Contaré ahora de lo que en este Cusco avia quando en él entramos. Eran tantos los depósitos que avía de ropas muy delicadas y otras más bastas; depósitos de comida; de coca; de plumas»

«Halláronse en unas cuebas doze ouexas (velas) de oro y plata, de la hechura y grandor de las de esta tierra, tan al natural que era cosa de ver. Halláronse cántaros, la mitad de barro y la mitad de oro, tan encajado el oro en el barro que, aunque los henchían de agua, no salía gota, y tan bien hechos que hera cosa de ver. Hallóse asimismo un bulto de oro de que los yndios rrecibieron con gran pena porque dezían que hera figura de el primer señor que conquistó esta tierra. Halláronse çapatos hechos de oro».

El Cuzco era para los incas el lugar más sagrado de la tierra, el centro del Imperio, la casa del Inca y su corte. Parece ser que el plano de la ciudad se basa en el de Tiahuanaco. Del Cuzco salían cuatro caminos que dividían el Imperio en cuatro partes o suyu: Chincha, Anti, Colla y Cunti. Cada una estaba a su vez dividida en tres, por lo que en total había doce provincias en torno a la ciudad central. La forma resultante de esta distribución espacial es un círculo (el Cuzco) atravesado por una cruz (los cuatro caminos).  

No se permitía el paso de una provincia a otra sin permiso oficial y los habitantes de cada una llevaban una indumentaria determinada que permitía diferenciarles. Esto mismo se repetía en el Cuzco. Al sur de la ciudad y, correspondiendo con la posición de la ciudad sagrada en el plano del Imperio, se levantaba el Templo del Sol. De la plaza central de la ciudad salían cuatro caminos que se extendían, en forma diagonal, en las cuatro direcciones cardinales, dividiendo la ciudad en cuatro partes que recibían los mismos nombres que las cuatro provincias mayores.

Las dos secciones del norte se conocían como hanan y pertenecían al Inca. Las dos del sur se llamaban hurin y pertenecían a la Coya. Es decir, el norte pertenece al sol y el sur a la luna; tenemos aquí otro rasgo del dualismo. Alrededor del templo se localizaba una región sagrada, donde había que descalzarse. En forma oval, distribuidos alrededor de las afueras de la ciudad, había doce barrios: cada uno correspondiente con cada una de las provincias y habitados por personas nacidas en esa provincia, con sus ropas características.

En el Imperio, cada provincia celebraba sus fiestas en un mes determinado, lo que también era reproducido en los barrios. Un arroyo sagrado, el Huatanay, atravesaba la ciudad, del mismo modo que el Vilcamayo, el río sagrado, atravesaba el Tahuantinsuyu.

El Cuzco es el microcosmos inca, reproduce en miniatura, por tanto, todas las características más importantes del Imperio.

Encontramos también similitudes del plano de la ciudad con el hemisferio sur: el círculo de doce barrios alrededor de la plaza central ocupa la posición del zodíaco en el cielo, según algunos autores, de modo que cada barrio coincidiría con un signo zodiacal. En la zona del centro vivía la familia real. Cuanto más se alejaba la población del centro, menos importancia social tenía.

El trazado geométrico del Cuzco está cargado, pues, de simbolismos y corresponde al sentido matemático y numérico, perfecto, de los incas, además de representar su microcosmos y estar basado en la armonía celeste. El Cuzco estaba concebido para ser un reflejo de la perfección del mundo celeste, intentando así atraer influjos positivos de esa armonía celestial.

Otra ciudad inca que cabe destacar es Machu Pichu, uno de los sitios arqueológicos más conocidos de América. Está en una montaña a 2.700 metros sobre el nivel del mar. Permaneció en el olvido durante siglos hasta que fue descubierta por Hiram Bingham en 1911. La ciudad está distribuida alrededor de una gran plaza central, siguiendo el modelo tradicional, sucediéndose una serie de hermosas e impresionantes construcciones.

Estas palabras del cronista Juan de Betanzos hablan de la grandeza del Cuzco:

«(Inca Yupanqui) Mandó que porque no hubiese en esta ciudad mezcla de otras gentes ni generación, si no fuese la suya y de sus orejones, porque esta ciudad tenía él que había de ser la más insigne ciudad de toda la tierra, y aún que todos los demás pueblos habían de servir e reverenciar, según que antiguamente fue nuestra Roma».


8- SITUACIÓN ACTUAL DE LAS  POBLACIONES AMERICANAS

Muchos de los pueblos mencionados en este trabajo han desaparecido; algunos ya muchos siglos antes de la llegada de los españoles a América; otros fueron desapareciendo en los años posteriores a la conquista; algunos, incluso, sobre todo en el norte, fueron exterminados sistemáticamente, pero hay muchos otros que perviven hasta nuestros días y, aunque con la lógica evolución, adaptación y aculturación a lo largo de los siglos, siguen conservando muchas de sus tradiciones, sistemas de creencias, lenguas, vestuario, manifestaciones artísticas y ritos.

En toda América existen actualmente infinidad de asociaciones de carácter cultural o político que luchan por los derechos de los indígenas y por mantener su identidad cultural. Prueba de ello es, por ejemplo, el caso de Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz en 1992, destacada líder maya guatemalteca. O la «revolución» de Chiapas, en México, con la figura del subcomandante Marcos a la cabeza, que no es sino un síntoma de los problemas actuales que experimenta la población indígena americana, que demasiadas veces ve cómo sus derechos son pisoteados impunemente por los representantes políticos y económicos. También es relativamente frecuente que cantantes famosos organicen conciertos benéficos o se conviertan en la imagen de organizaciones indígenas para concienciar a la opinión pública sobre el problema de la deforestación del Amazonas, por citar un ejemplo, que conlleva, entre otros muchos males, el de la inevitable extinción de los pueblos que viven en ese ecosistema.

Los movimientos indígenas han irrumpido con fuerza en el panorama político americano de los últimos años. Sus propósitos son diversos: algunos piden participar activamente en los gobiernos de sus países, pero en general su intención es llamar la atención sobre su realidad, su situación y sus necesidades. De hecho, de un puñado de organizaciones sociales en los años 60, se ha pasado a centenares en la actualidad.

Además, cada vez existen más profesionales (médicos, abogados, ingenieros...) e intelectuales indígenas que están participando activamente en estos movimientos, ocupándose de la elaboración ideológica.

La mayoría de los movimientos indígenas, por tanto, se originan durante la segunda mitad del siglo XX, cuando muchas poblaciones empiezan a asumir su identidad cultural y lo «indio» deja de verse como algo de que avergonzarse para pasar a adquirir gran importancia la preservación de las raíces y la herencia cultural. En ocasiones, existe una contradicción desde el mismo gobierno. Es, por ejemplo, el caso del gobierno mexicano que, por un lado, desea incorporar la población indígena al México postrevolucionario pero, al mismo tiempo, desea que ésta conserve su identidad india y se sienta orgullosa de ella. El principal problema es que durante mucho tiempo algunas poblaciones indígenas han renegado de su condición de «indio». Sin entrar en el debate que existe sobre el empleo del término apropiado: indio, indígena, población autóctona... es cierto que en muchas ocasiones el término «indio» es considerado peyorativo, incluso por las propias poblaciones indígenas. Este sentimiento tiene su origen en el hecho de que los derechos indígenas han sido pisoteados durante siglos, de tal forma que muchas veces «indio» es considerado como un sinónimo de pobreza y marginación, incluso en países como Perú, Guatemala o Bolivia donde la población indígena es mayoritaria.

Es por eso que en las Naciones Unidas la defensa de los derechos indígenas se sitúa dentro del marco legal de la doctrina de los derechos humanos.

Este problema de la identidad india es recogida en numerosos trabajos y estudios antropológicos. Tomemos como ejemplo Ser indio en Hueyapán. La autora, Judith Friedlander, nos relata cómo algunos indios de esta población mexicana se sienten inferiores: unos porque hablan mal el castellano, otros porque comen comida ordinaria y otros opinan de ellos mismos que «los indios no saben nada» (p.104). Incluso llegan a disculparse ante la antropóloga por su condición de indios con las siguientes palabras: «Por favor, dispense, aquí somos unos pobres inditos». (p.103). Para los hueyapeños ser indios es un lastre tal que «llamar indio a un hueyapeño era tan insultante y humillante como llamar “nigger” a un negro». (p.102). Este sentimiento de inferioridad se debe, entre otros factores, al hecho de que los hueyapeños han interiorizado «la visión que la élite hispánica tenía tenía de su condición indios». (p.101).

En Antropología de la pobreza, Lewis estudia también la identidad de ser indio a través de cinco familias mexicanas. El autor llega a la conclusión de que estas familias no salen de su situación de pobreza debido a que, en cierto modo, se sienten identificados con esa cultura de la pobreza de la que no pueden renegar pues, paradójicamente, supondría renegar también de su propia identidad. Tan arraigada está esta situación económica entre la población indígena a lo largo de los siglos que parece que llega a formar parte de su propia esencia. Otro problema que recoge Lewis es que el deseo de ascenso social no es bien visto en muchas ocasiones por la propia comunidad indígena y que el analfabetismo está demasiado extendido porque son los mismos padres quienes desean que sus hijos trabajen desde muy pequeños antes que «perder el tiempo en el colegio». Uno de los padres, el Sr. Gutiérrez, dice a su hija que desea estudiar: «No vayas a la escuela, te va a hacer daño». (p.153). «Nadie en la vecindad pensaba que estudiar era importante» (p.156). Efectivamente, estamos hablando de un estudio realizado en los años 70, pero esta obra sigue considerándose en la actualidad como uno de los libros clásicos de la antropología. Además, por mi experiencia personal, que data de hace tan sólo unos seis años, puedo constatar que, desgraciadamente, muchos de estos aspectos siguen formando parte de la realidad cotidiana. Una de mis informantes, una mujer residente en un poblado maya próximo a Felipe Carrillo Puerto en el estado mexicano de Quintana Roo, me decía que eran «unos pobrecitos indios porque no podían hablar bien el castellano». También me explicó que no podía tener más hijos porque un médico le había hecho «algo», una operación deduje, (imagino que una ligadura de trompas), porque era arriesgado que tuviera más hijos. Cuando yo le pregunté en qué consistía ese «algo» y si ella había dado su consentimiento, me dijo que a ella nunca le consultaron nada pero que como no entendía bien el castellano y el médico sabía más que ella.... Incluso, su marido me rogó que me entrevistara con el alcalde para hacer de intermediaria entre éste y los campesinos mayas en una cuestión de propiedad de tierras ya que «a usted le harán caso porque es blanca y habla bien». Pero también puedo decir que en esta población rural la mayoría de los niños acudía a la escuela de forma más o menos asidua y estaban interesados en aprender.

Siguiendo con el tema de la búsqueda de identidad del mexicano, autores como G.M. Foster en Tzintzuntan. Los campesinos mexicanos en un mundo de cambio o, más recientemente, Octavio Paz en su Laberinto de la soledad, nos hablan del retraimiento y ocultación de los sentimientos verdaderos detrás de una máscara como las principales defensas que los mexicanos tienen y han usado a lo largo de la historia. Su concepción vital se caracteriza en que todo lo que tiene que suceder, sucederá, es inevitable. El destino es importante en su concepción vital, aunque hay cosas que pueden llegar a cambiarse. Cuando una persona tiene escaso control sobre su carácter, lo achacan a fuerzas externas a su ser: el destino y la suerte, que vendrían a justificar esa conducta generalizada de vivir al día. Ambos autores destacan como característica principal del carácter mexicano el hermetismo, la soledad y el miedo a ser. Este hermetismo sólo se consigue superar a través de las fiestas que se convierten en una vía de liberación. Como dice O. Paz: «más que abrirnos nos desgarramos». (Ob. cit. p.47). Hay que añadir que la población de Tzintzuntzan es un importante símbolo indígena, ya que una vez fue capital del imperio tarasco.

Las fiestas son un aspecto fundamental en las culturas indígenas, ya que son el modo de comunicarse con el resto de la sociedad, pudiendo adoptar un comportamiento menos institucionalizado, ayudado por los efectos del alcohol que en estas ocasiones se consume en grandes cantidades. El consumo del alcohol puede llegar a ser un problema grave. Los hombres suelen abusar del alcohol en actos sociales, sin embargo, las mujeres cuando beben suele ser para refugiarse en determinados momentos. Las fiestas sirven, además, como proceso redistributivo de la riqueza en algunas comunidades para evitar el desequilibrio social. Éstas se encargan de redistribuir el poder, ya que la acumulación de riqueza en manos de un solo hombre –o de una élite- amenaza con quitar a otros los recursos para ganarse la vida. Por este motivo existe un ciclo anual de fiestas en relación con el equilibrio económico: la Mayordomía, en el caso de ciertas comunidades rurales mexicanas. El carguero o mayordomo adquiere un gran prestigio al ocupar este cargo, prestigio que conlleva una pérdida de la riqueza que hubiera podido acumular porque es él quien financia las fiestas. Asistimos así a un proceso redistributivo mediant el que se procura evitar la diferenciación económica y social,
aunqye, evidentemente, cada vez más esta diferencia se está convirtiendo en una realidad. De todas formas, en las comunidades indígenas rurales de América, existen unas fórmulas inconscientes para evitar la diferenciación social. Estos festines redistributivos que hemos mencionado son comunes a muchas culturas y guardan ciertas semejanzas con el sistema de potlatch de la costa oeste de los EEUU.

Son aspectos comunes a las comunidades indígenas actuales la ritualización de la vida cotidiana, la búsqueda de su propia identidad, el hecho de vivir al día, la importancia de la religión (católica o no, ya que cada vez hay más personas que se hacen protestantes o pasan a pertenecer a alguna secta), el respeto a los mayores, el parentesco y el amor a la tierra que representa el punto de referencia en el que basar su seguridad. El cuidado y respeto con que normalmente un campesino indígena trata a la tierra lo convierte en el mejor de los ecologistas .

Las demandas actuales de los movimientos indígenas son variadas pero, según el documento aprobado por el Plenario de la VII Conferencia Iberoamericana de Comisiones Nacionales para la Conmemoración del Descubrimiento de América-Encuentro de Dos Mundos (Guatemala, 24-26 julio 1989), podrían concentrarse en los siguientes puntos: derechos territoriales, participación en el desarrollo económico y material, desarrollo cultural, derechos indígenas y autonomía. Algunos movimientos luchan por la consecución de estos cinco aspectos, otros se centran en sólo alguno de éstos. Sin embargo, uno de los principales problemas de los movimientos indígenas es la falta de cohesión entre ellos.

En cuanto a la situación actual en América del Norte, de los millones de indios que poblaban el norte del continente americano sobreviven actualmente menos de tres millones confinados en reservas en su mayoría. No tenemos datos exactos en cuanto al número de población original, dado que el espíritu de «conquista del far west» no conllevaba precisamente la realización de censos. Podemos afirmar que en estos territorios se llevó a cabo el mayor genocidio de la historia. Existen otros genocidios de los que tampoco se ha hablado demasiado, como el que llevó a cabo el rey Leopoldo de Bélgica en El Congo, o el extermino de los aborígenes de Tasmania a manos de los colonos británicos.

El hecho es que según el censo oficial del año 2001, la población estadounidense se eleva a más de 285 millones de habitantes, de los que apenas el 1% corresponde a la población india. El 84% corresponde a la población de origen europeo o blanca, un 12% es de origen africano y un 3% es asiática. Basten estas cifras como ejemplo contundente.

El National Congress of American Indians, fundado en 1944, es la mayor y más antigua organización gubernamental de los EEUU que se ocupa de la población original. Agrupa 250 gobiernos tribales y asociaciones cuyo cometido es actuar como portavoz ante el gobierno de la nación y la preservación de la herencia cultural de los indios de Estados Unidos. Cada tribu tiene un gobierno local formado por sus representantes electos y cada nación india tiene una constitución propia. La mayor parte de la población india vive en reservas, aunque algunos están integrados en la sociedad. Cada vez se está dando más importancia a la preservación de sus raíces. Según el US Bureau of Indian Affairs existen 562 tribus en la actualidad.

Veamos algunos ejemplos. Los indios hopi de Arizona, según datos del año 2001, son 11.156, de los que unos 9.000 viven en la Reserva Hopi. De éstos un 19% son universitarios y un 69% terminó sus estudios escolares. Sin embargo, la tasa de desempleo se sitúa en el 27%.

Los indios pueblo que viven en Nuevo México son unos 40.000 y constituyen la minoría más pobre de los EEUU. Son considerados ciudadanos de los EEUU desde 1924, pero se trata de una población totalmente marginada, a pesar de este reconocimiento.

Frente a estas cifras, hay que señalar que en algunos países suramericanos como Bolivia, Guatemala o Perú la población indígena es mayoritaria. En concreto, en Perú, según datos de julio de 1999, la población es de 26.625.000, de la que un 45% es indígena, un 37% es mestiza, un 15% es de origen europeo y un 3% es negra y oriental.

Las lenguas oficiales son el español y el quechua y también se habla el aymara en algunas regiones.

En cuanto a México, las cifras, según datos de julio de 1999, son como siguen: la población total es de algo más de 100 millones, de los que un 60% son mestizos, un 30% son indígenas, un 19% son de origen europeo y un 1% de otros orígenes. La lengua oficial es el español, pero en muchas zonas se siguen hablando varias lenguas mayas y no toda la población es bilingüe. De hecho, cuando realicé mi trabajo de campo en las comunidades rurales de Felipe Carrillo Puerto, me acompañaba una intérprete.

Como conclusión, podemos señalar que, según el documento de la VII Conferencia Iberoamericana antes mencionada, unos 40 millones de personas se consideran indios en América. Este documento denuncia que durante cinco siglos los pueblos indígenas han ocupado una posición subordinada, motivo por el que muchos indios se han avergonzado de su pasado y sus raíces, renegando de éstas y tendiendo a hablar sólo en castellano o inglés, por considerar la lengua propia como algo inferior. Afortunadamente, esta situación está cambiando y cada vez son más las organizaciones indígenas dedicadas a la defensa de los derechos humanos y a la preservación y recuperación de su rica herencia cultural. Muchos grupos indígenas continúan viviendo en las mismas chozas en que vivían hace 500 años cuando llegaron los primeros españoles, manteniendo muchas de sus costumbres, creencias, vestuario, tipo de alimentación y lenguas. Para observar estas características no es necesario realizar un trabajo de campo conviviendo con poblaciones indígenas; basta acudir en un día de
mercado, preferentemente, a las ciudades de Chichicastenango o de Santiago de Atitlán, en Guatemala, por poner un ejemplo. En medio del estallido de color de la mercancía de los puestos y de las ropas de los mayas, diferentes según su lugar de procedencia, podemos escuchar cómo la población se expresa en las lenguas de sus antepasados, cómo se comporta según pautas ritualizadas e institucionalizadas que conducen al equilibrio de la sociedad. De hecho, el sincretismo es una de las principales características que pueden definir a las poblaciones indígenas actuales. Esa convivencia de aspectos modernos y tradicionales, occidentales e indígenas en su realidad cotidiana, es especialmente patente en la religión y la cosmovisión. Un ejemplo muy gráfico son los famosos altares domésticos, presentes desde México hasta la punta sur de América. Estos altares, ofrendas a Dios y a los dioses, reúnen objetos de lo más variopinto: fetos de llama y hojas de coca en la zona andina, papeles de colores, alimentos, alcohol, imágenes de santos católicos, de la Virgen y de Jesús, latas de Coca-cola, velas, etc.

Otro ejemplo del sincretismo religioso lo encontramos en la ciudad guatemalteca ya mencionada de Chichicastenango, donde en las escaleras exteriores de acceso a la iglesia de Santo Tomás, los mayas siguen celebrando sus ritos e invocando a sus dioses, mientras que dentro de la iglesia celebran la Eucaristía. O en la colorista iglesia de San Andrés Xecul, cuya fachada colonial no es blanca sino que está completamente cubierta de figuras y pintura de colores vivos, acorde con el gusto pictórico maya, y su interior, decorado con multitud de cintas de colores, chocan al visitante que espera encontrar el recogimiento y escasa luz de la iglesia tradicional. Es esta capacidad asombrosa de los mayas, en estos casos concretos, (pero de las poblaciones americanas en general) de aunar paganismo y cristianismo, pasado con presente, la expresión de la asimilación de estos pueblos a la nueva cultura que les rodea a su concepción vital secular.