NOS QUEMAN EL REICHSTAG




¿Qué nos lleva a aceptar a los creadores de esta crisis como salvadores de la misma?

Cuando las medidas a adoptar son de un dramatismo excepcional y las decisiones son tan impopulares que el pueblo no las aceptará sin salir a la calle es necesaria traumatizarlo, dejarlo en estado de shock para que sus preocupaciones sobre su situación actual les impidan reaccionar ante una agresión. El shock lo puedes crear, o puedes aprovechar una situación creada por agentes externos. No importa crear una guerra, o aprovechar el trauma de una sociedad por el 11S, puedes dar un golpe de estado como en Chile en 1973 o aprovechar las consecuencias de tus propias actuaciones al crear una crisis financiera brutal. Milton Friedman la creó y Naomi Klein lo teorizó, se llama doctrina del shock.

Crear el problema para ofrecerse como solución, como salvador, como único garante de una situación provocada por uno mismo es tan antiguo como el mismo hombre. En definitiva provocar un incendio y ofrecerse a apagarlo.

Nerón quemó Roma echando la culpa a los cristianos para después ser el salvador del pueblo que eliminaría esa lacra de la urbe. Pero sin duda el ejemplo más devastador en la historia es el Incendio del Reichstag.

En contra de la creencia popular Adolf Hitler no accedió al poder por medio de unas elecciones, no democráticamente, Hitler y su partido fueron el segundo partido más votado en las elecciones de 1930, posteriormente  se presentó en 1932 a Presidente contra Hindenburg, pero perdió las elecciones por más de 16 puntos, en las siguientes elecciones parlamentarias tras conspirar contra el Canciller Brüning con la ayuda de Schlesser y Papen consiguió una mayoría mínima que le impedía gobernar al negarse a negociar con estos por reclamar la cancillería exclusivamente para él. Posteriormente tras luchas internas en el Partido Nazi y un acuerdo con Papen este convenció a Hindenburg para que nombrara a Adolf Hitler sin ninguna legitimidad democrática nuevo canciller el 30 de Enero de 1933 con el 34% del control del parlamento.

El 27 de Febrero de 1933 se incendió el Reichstag (Parlamento Alemán) Existen historiadores que lo atribuyen a los camisas pardas y otros simplemente cuentan que aprovecharon la presencia de un cabeza de turco en la escena del crimen para acusar a los comunistas y pedir a Hindenburg que suspendiera la constitución de Weimar por lo grave de la situación, el decreto de suspensión supuso la eliminación de la Libertad de expresión, Eliminación de la libertad de prensa, Y la posibilidad por parte del gobierno de intervenir comunicaciónes, violar domicilios y anular la libertad de reunión. Por fin Adolf Hitler consiguió el poder absoluto que le permitió perpetrar los mayores crímenes contra la humanidad de la historia. Como ven, de forma muy democrática.  

De nuevo el problema como solución.

Cuando en 2008 quebraron Lehman Brothers, Fanny Mae y demás empresas financieras nos estaban quemando el Reichstag y no fuimos conscientes, cuándo al principio de la crisis los neoliberales quemaron nuestro estado de bienestar con su aberrante modo de actuar no nos dimos cuenta que no estaban más que creándonos un problema del que se postularían para sacarnos. No nos dimos cuenta, pero como dice un amigo, “los neoliberales tejen camisas pardas” y tras el incendio del estado del bienestar, tras habernos sumido en el más profundo shock y habernos quitado los derechos que tantos años de lucha ha tardado en adquirir, los neoliberales que incendiaron nuestro Reichstag aquí están para salvarnos.

El ciclo no tardará en completarse y las políticas neoliberales están creando el entramado necesario para que las dictaduras de los mercados se transformen en dictaduras tradicionales, con gobiernos ultranacionalistas, como está sucediendo en Hungría, como ocurrió en Alemania tras la crisis del 29, la historia se repetirá, el circulo se está cuadrando y parece que no hemos aprendido nuestra propia historia, quizás ni la hemos leído.

--- * ---

Decreto del incendio del Reichstag

Se denomina Decreto del incendio del Reichstag a una norma legal emitida en Alemania el 28 de febrero de 1933, con el nombre oficial de "Decreto del Presidente del Reich para la Protección del pueblo y del Estado"; fue emitido por el entonces Presidente de Alemania, el mariscal Paul von Hindenburg, por presión del entonces canciller de Alemania, Adolf Hitler, en condición de respuesta gubernamental al incendio del Reichstag ocurrido en la noche del día anterior, 27 de febrero.

No obstante, esta norma dejaba sin efecto en Alemania a diversos derechos ciudadanos que estaban consagrados en la Constitución de Weimar, a ello se une que este mismo decreto fue luego utilizado por el Partido Nazi como base legal para arrestar a todo individuo opositor al régimen, y para prohibir las publicaciones contrarias al nazismo. De este modo el "Decreto" sirvió como herramienta importante de consolidación del gobierno nazi en tanto podía usarse para reprimir eficazmente a sus opositores.

El semanario pacifista "Das Andere Deutschland" (La otra Alemania) publica su edición final en marzo de 1933, señalando a sus lectores que la publicación del propio periódico queda prohibida por el jefe de la Policía de Berlín en base al Decreto del Presidente del Reich para la Protección del pueblo y del Estado.

Cómo se emitió el decreto

El 30 de enero de 1933 Adolf Hitler había asumido el cargo de canciller de Alemania, después que el Partido Nazi obtuviese una mayoría simple (que no absoluta) en las elecciones parlamentarias de 1932. Una de las primeras medidas de Hitler fue presionar al anciano Presidente de Alemania, el octogenario mariscal Paul von Hindenburg, para disolver el Reichstag y convocar nuevas elecciones parlamentarias el día 5 de marzo de 1933.

No obstante, a las 22 horas del día 27 de febrero ocurrió el enorme incendio del Reichstag, en Berlín, donde el fuego destruyó por completo las instalaciones de todo el inmenso local. Tal suceso fue señalado por el Partido Nazi como "prueba" de una proyectada insurrección dirigida por el Partido Comunista de Alemania, llegando a sostener que dicho partido y sus seguidores planeaban empezar una guerra civil en Alemania para ocupar el gobierno, generando así una enorme corriente de temor entre las masas.

El texto del decreto fue elaborado por líderes nazis que ocupaban cargos en el Ministerio del Interior de Prusia, dirigidos por Hermann Goering, y fue presentado al gabinete presidido por Hitler ese mismo día, luego de ello el mismo Hitler insistió ante el presidente von Hindenburg que el incendio del Reichstag constituía sin duda alguna una señal de "peligrosa insurrección comunista" y que era necesaria una "lucha sin miramientos" contra el partido comunista; ante la feroz presión de Hitler y su gabinete, el senil presidente von Hindenburg aceptó darle fuerza legal al decreto invocando el artículo 48 de la Constitución de Weimar que permitía al Presidente de Alemania tomar toda medida necesaria para salvaguardar la seguridad pública. El decreto fue promulgado y publicado ese mismo día.

Contenido de la norma

El decreto llevaba seis artículos solamente. El artículo 1 suspendía "hasta nuevo aviso" el ejercicio del derecho a la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad individual de la persona, la libertad de asociación, la libertad de reunión y el secreto de las comunicaciones, mientras a la vez permitía a las autoridades practicar arbitrariamente registros de domicilios o de oficinas, confiscar bienes privados y ejecutar otras restricciones a la propiedad. Los artículos 2 y 3 otorgaban al gobierno del Reich todas las facultades propias de los estados federales de Alemania (estados establecidos por la Constitución de Weimar) en cuanto a la "custodia de la seguridad pública", vulnerando las autonomías locales previstas por la Constituciónlos artículos 4 y 5 fijaban penas severas para los actos contrarios a la seguridad pública, desde multas por 15,000 Reichsmark hasta penas de cárcel mayores a las fijadas hasta entonces por el Código Penal (el cual quedó ampliamente modificado para aumentar drásticamente diversas penas), incluyendo la pena de muerte para quienes causaren daños a bienes públicos o quienes "opusieran resistencia a autoridades del Reich"; el artículo 6 fijaba finalmente que el decreto entraba en vigencia en todo el país el día de su publicación, es decir, desde el mismo 28 de febrero.

Consecuencias

El decreto fue sustento legal para el arresto de numerosos miembros del Partido Comunista de Alemania, pero también de otros opositores al régimen nazi; a ello se unió la ocupación policial de todos los locales del mismo partido, la supresión de su prensa, así como la prohibición de sus manifestaciones públicas y asambleas. Algunos estados federales de Alemania (Baviera, Sajonia) no estaban aún controlados por el Partido nazi y rehusaban ejecutar arrestos masivos de comunistas, pero el nazi Hermann Goering controlaba el Ministerio del Interior de Prusia (el estado federal más extenso de Alemania) con lo cual logró arrestar a casi 10,000 individuos en pocos días, de hecho el mismo Goering reclamó a sus subordinados el 3 de marzo que era necesario también "el arresto de posibles simpatizantes comunistas", lo cual permitía aplicar el Decreto a prácticamente todo probable opositor al régimen nazi.

Se cree que el Decreto del 28 de febrero deliberadamente mantuvo cierta ambigüedad en su texto, para permitir así su libre aplicación contra todo tipo de opositores al régimen sin importar su partido de origen, pues la norma no mencionaba expresamente contra qué tipo de "opositor" estaba dirigida.

En las elecciones del 5 de marzo no pudo participar el Partido Comunista de Alemania, y la totalidad de sus candidatos al Reichstag estaban arrestados bajo severas acusaciones; esto permitió al Partido Nazi conseguir un porcentaje mayor de votos (el 44%) y debilitar a los partidos opositores que aún subsistían en el Reichstag (como el Partido Socialdemócrata de Alemania y el Partido de Centro (Alemania)). Con tal resultado electoral el Partido Nazi logró la aprobación en el Reichstag de la denominada Ley Habilitante el 23 de marzo, la cual otorgó una cuota desmesurada de poder sin contrapesos al cargo de canciller de Alemania, puesto ocupado por Hitler.